AB PADRE BAZAN

¿SERÁ CIERTO QUE?

... SE PUEDE ACUDIR A LOS SANTOS POR AYUDA?

Uno de los puntos que más atacan algunos sectarios es la devoción que los católicos muestran por los santos.

En eso, y con el afán de separarse de nosotros, se muestran totalmente cerrados, acusándonos de nada menos que de idolatría.

No hay la menor duda de que existen personas que tienen una idea equivocada de la devoción a los santos, rindiéndoles un culto exagerado, aunque no creo que llegue jamás a la adoración, como si se tratara de "dioses". No hablo, desde luego, de los paganos que se hacen pasar por católicos.

Con todo, la Iglesia jamás nos ha enseñado algo incorrecto con respecto a los santos. Lo que Ella nos dice es, además, muy sensato, pues se trata de la natural admiración que inspira una persona que vive su fe y las virtudes cristianas en forma heroica.

Los primeros cristianos se sintieron profundamente impresionados por el testimonio de fe de los mártires, profesando por ellos un cariño muy especial. Y, ¿cómo no habrían de sentirlo?

Ellos eran el ejemplo más grande de seguimiento de Jesús. Eran unos verdaderos héroes, y como tales se les honraba.

Luego se tuvo el mismo afecto y veneración por los que se distinguieron en la forma de vivir el amor y el servicio a Dios y al prójimo. Por eso los santos son presentados por la Iglesia como héroes y ejemplos, que merecen ser alabados, así como la Escritura alaba a los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento.

¿Acaso no sentían los israelitas una admiración y gran afecto por Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Samuel, David y todos aquellos de los que se pregonaba la santidad y la forma en que fueron fieles a Dios?

Eso mismo hicieron los cristianos con los apóstoles, los mártires y otros grandes discípulos de Jesús. Y cuando desapareció el peligro de adorar las estatuas, cosa muy común en la Antigüedad, no tuvieron a menos rendir homenaje a los héroes de la fe por medio de imágenes que los representaran y recordaran.

Nunca la Iglesia ha atribuido a los santos poder alguno. Ellos nada tienen para darnos. Sólo su ejemplo y su intercesión. Cuando acudimos a ellos lo hacemos a sabiendas de que lo que sí pueden es orar por nosotros ante Dios. Y eso nos basta.

¿Acaso no podemos orar aquí en la tierra los unos por los otros? Pues con más razon pueden los santos en el cielo interceder por quienes los recuerdan como los grandes baluartes de santidad, fe y amor.

... EL PAPA NO SE PUEDE EQUIVOCAR?

Eso de que el Papa no se puede equivocar ha sido muy mal interpretado, lo que ha dado pie a algunos a pensar que nosotros, los católicos, creemos que el Vicario de Cristo es un "super-hombre", con cualidades excepcionales que lo hacen infalible en todo lo que dice.

Por favor, que la infabilidad no acompaña al Papa a todas horas, sino que es una ayuda especial del Espíritu Santo para preservar a la Iglesia de errores en materia de fe.

El Papa es una persona igual a cualquier otra a la hora de dar sus opiniones personales o expresar sus preferencias en aquellas cosas que son opcionales. Si opina sobre política, por ejemplo, o sobre cualquier otro tema que no tiene que ver directamente con las enseñanzas de Jesus, el Papa se puede equivocar.

Ahora bien, cuando, visto el consenso de lo enseñado en la Iglesia a través de los siglos, de la opinión de los teólogos y peritos, y después de consultarlo con aquellos que lo pueden ayudar mejor a tomar una decisión, y sobre todo después de mucha oración, el Papa se decide a declarar o definir algo que debe ser creído por todos los católicos, entonces podemos estar seguros que cuenta con esa ayuda que lo hace infalible.

Creer que el Papa no se puede equivocar cuando define algo necesario para la salvación es confiar en que el Espíritu Santo nos guía, y la presencia de Jesús en su Iglesia nos sostiene.

Poco es, en realidad, lo que queda por definir. Aun así, las interpretaciones que da el Santo Padre en las encíclicas u otros documentos oficiales tienen que ser tomadas con toda seriedad, pues en ellas no podemos ver las opiniones de un simple hombre, sino las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, a la que el mismo Jesús confió el depósito sagrado de la fe.

... LA BIBLIA PROHÍBE COMER CARNE DE PUERCO?

El capítulo 11 del libro del Levítico y parte del 14 del Deuteronomio se dedican a detallar los animales puros e impuros, prohibiéndose terminantemente comer de los segundos. Del puerco, cerdo o lechón se dice explícitamente que es impuro y, por tanto, no se puede comer su carne ni tocar su cadáver (Levítico 11,7; Deuteronomio 14,8).

Estas leyes parece que tenían principalmente un carácter higiénico, pero se les dio un viso de religiosidad y legalidad formal, como era normal en aquellos tiempos, por lo que los israelitas se abstenían de comer carne de puerco y de cualquier otro animal declarado impuro, y todavía muchos lo hacen en la actualidad.

Cuando los primeros paganos dieron muestras de querer convertirse al cristianismo se presentó a los apóstoles un problema: ¿Tendrían que exigirles guardar las mismas leyes que desde antiguo eran obligatorias para los judíos, como señalaba claramente el Antiguo Testamento?

En el libro de los Hechos se nos narra como Dios, por medio de una visión, enseña a Pedro que esas prescripciones habían sido proscritas con la Nueva Alianza realizada por Jesús, por lo que todos los animales habían quedado purificados, pudiéndose comer su carne (Ver Hechos 10,9-16).

Esa es la razón por la que la Iglesia jamás ha prohibido comer nada en especial, y si exige la abstinencia de carne en ciertos días del año, se trata sólo de un ejercicio penitencial y no de una prohibición.

... LAS IGLESIAS CATÓLICAS ESTÁN DEDICADAS A LOS SANTOS?

El culto que se rinde en las iglesias católicas nada tiene que ver, en realidad, con el nombre del santo al que estén dedicadas. Esto, posiblemente, viene del hecho de que, hace ya tiempo, en algunas de ellas se conservaban la tumba o reliquias importantes de un santo.

Todo templo católico, sea grande o pequeño, está dedicado, única y exclusivamente, a rendir culto a Dios, y no al santo por cuyo nom-bre se le conoce, aún si se trata de la Santísima Virgen.

Claro que hay santuarios donde se fomenta de manera especial el culto de veneración, admiración y cariño que la Iglesia tributa a María y a los santos, pero esto no significa que en tales lugares no sea Dios quien reciba la atención principal, como es lo debido y natural.

Lo de dar nombres de santos a las iglesias, como ya dije, viene de muy antiguo y se generalizó, posiblemente, porque se vio que era una buena forma de distinguir unos templos de otros.

De todas formas, es frecuente que haya iglesias cuyos santos titulares apenas reciben atención y los mismos fieles no saben siquiera de quien se trata, ya que sus actividades se desenvolvieron en épocas antiguas y lugares lejanos, de forma que hoy tenemos pocos datos de lo que realmente hicieron.

Otra cosa muy distinta era lo que ocurría - y todavía ocurre - en las religiones paganas, en las que se acostumbra dedicar templos a diversos dioses, para en ellos rendirles un culto exclusivo.

Nunca olvidemos que la Iglesia Católica jamás ha considerado a un santo como si fuera un dios, y nunca, ni a ellos ni a la Santísima Virgen, les ha rendido un culto impropio, sino el homenaje que merecen por su fidelidad a la voluntad de Dios, de lo que son un ejemplo para nosotros, por la ma-ravillosa obra que el Señor realizó por medio de ellos.

... HAY LIBROS FALSOS EN LA BIBLIA USADA POR LOS CATÓLICOS?

Esta pregunta la podemos responder con un NO categórico. Eso sí, existe una diferencia impor-tante entre la Biblia usada por los católicos y la que usan los que llamamos "hermanos separados", y esto tiene una explicación histórica.

Llegó un momento en que los judíos que vivían fuera de Pales-tina eran muchísimos más que los que permanecían en ella. Una gran mayoría de los de fuera, aunque se consideraban tan judíos de raza y religión como los otros, habían perdido el uso de la lengua hebrea, de modo que no podían leer el Antiguo Testamento.

Para salvar esta situación se pensó en hacer una traducción de los libros sagrados al griego, que era el idioma más usado en aquellos tiempos.

Esta tarea parece que se encomendó, en el siglo III a. C., a un grupo de sabios, unos setenta y dos, que tuvieron a su cargo hacer esta importante y necesaria labor. Estos traductores trabajaron por varios años en la ciudad egipcia de Alejandría, y luego que su labor estuvo concluida, a su traducción se le conoció con el nombre de "versión de los Setenta".

Al revisar los libros aparecidos en dicha traducción pudo verse que aparecían libros que no se encontraban en el "canon oficial" usado en Jerusalén y en las sinagogas palestinenses. Las autoridades judías, por lo mismo, rechazaron esos libros, considerándolos falsos.

Sin embargo, la versión de los Setenta fue usada ampliamente, primero por los judíos de la Diáspora y luego por los cristianos, que no vieron ninguna dificultad en aceptar esos otros libros como igualmente inspirados por Dios.

Llegó un momento en que la Iglesia dictaminó oficialmente su validez, y para distinguirlos llamó a unos "protocanónicos" o del primer canon (el de Jerusalén), y a los otros "deuterocanónicos" o del se-gundo canon.

Los protestantes, para diferenciarse de los católicos, aceptaron el rechazo judío a los libros deuterocanónicos, por lo que en la Biblia por ellos usada no aparecen, o se les dedica un aparte haciendo ver que son "apócrifos", palabra que en la práctica significa "falsos", algo que los católicos no aceptamos de ninguna manera.

... JESÚS NUNCA BEBIÓ VINO SINO SÓLO JUGO DE UVAS?

Puede que algunos tengan cierta confusión al interpretar literalmente algunos textos de la Sagrada Escritura.

En los evangelistas sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), se repite una expresión que puede ser la causa de esta creencia.

En Mateo:

Y les digo que no volveré a beber de este producto de la uva hasta el día en que beba con ustedes vino nuevo en el Reino de mi Padre (26,29).

En Marcos:

Sepan que no volveré a beber del jugo de la uva hasta el día en que beba vino nuevo en el Reino de Dios (14,25).

En Lucas:

... porque les aseguro que ya no volveré a beber más de los productos de la uva hasta que llegue el Reino de Dios (22,18).

Sacar de estas expresiones la conclusión de que Jesús no bebió nunca vino sería, sencillamente, descabellado, ya que todo nos indica lo contrario.

Los judíos bebían vino ordinaria-mente. Debemos recordar que el primer milagro del Señor fue, precisamente, la conversión de agua en vino en las bodas de Caná (Juan 2,1-11).

Mateo, ciertamente, es el único de los sinópticos que afirma clara-mente que en la Última Cena Jesús tomó una copa de vino (26,27), mientras que Marcos y Lucas hablan de "una copa" o cáliz. Lo mismo hace Pablo en la 1ª Corin-tios 11, 25-28.

Se sabe, sin embargo, que en la cena pascual judía se usaban cuatro copas distintas de vino, que se bebían en forma ritual durante la comida. ¿Podríamos suponer que Jesús cambió lo que era bebida usal y normal entre los judíos?

El propio Jesús puede encargarse, en definitiva, de responder a la pregunta. Hablando de que nunca la gente está conforme con los enviados de Dios afirma:

- Y digo esto porque vino Juan, que no comía, ni bebía, y dijeron: Está endemoniado. Luego viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: es un comilón y un borracho, amigo de la gentuza y de los pecadores (Mateo 11,18-19).

...CON LOS TESOROS QUE GUARDA EL VATICANO SE PODRÍA DAR DE COMER A MUCHOS MILLONES DE HAMBRIENTOS?

Sobre esto de las riquezas o tesoros del Vaticano se ha especulado bastante, y éste ha sido un tema demasiado socorrido por los enemigos de la Iglesia desde hace siglos.

Tendríamos que recordar, en primer lugar, en que consisten esos tesoros, que aunque pueden ser fabulosos, no es posible que los convirtamos en metálico para resolver los problemas de los más pobres.

A lo largo de varios siglos es evidente que en Roma los Papas se preocuparon de la belleza de la ciudad, sus iglesias y monumentos, acumulándose multitud de obras artísticas que hoy tienen un valor incalculable, pero que, en su tiempo, fueron el producto del genio de pintores y escultores que ganaban bien poco, relativamente, por su trabajo. Esta razón, quizás, fue la que hizo posible que sus obras puedan hoy contemplarse, pues sabemos que muy pocos creadores artísticos, como no sea en el presente siglo, han podido disfrutar de lo que sus obras realmente valían.

Es posible que si se vendieran todas las obras que hay en el Vaticano se conseguiría una abultada suma de dinero, pero para ello contamos con varios obstácu-los.

En primer lugar, muchas de estas obras están en techos y paredes, lo que impide moverlas. Segundo, todas ellas forman parte de un patrimonio que, si bien es de la Iglesia, también lo es, con muy buenas razones, del pueblo italiano, por lo que , aun aquellas que pudieran moverse, no habría manera de venderlas, dado que los italianos se opondrían tenazmente.

Una de las principales razones para esto último es que, en definitiva, la presencia de los tesoros artísticos del Vaticano está cumpliendo, ahora mismo, una importante función social, por cuanto gran número de italianos vive del turismo que esas obras artísticas generan.

No podemos pensar que los que hoy disfrutan de este privilegio estén dispuestos a cederlo fácilmente.

...EXISTE UN BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO?

Fue el propio Jesús quien, al hablar del bautismo, dice que será renacer en el agua y el Espíritu Santo (Juan 3,5). Sabemos, además, por el libro de los Hechos de los Apóstoles, que al bautismo con el agua le seguía la imposición de manos de los apóstoles, por la que se recibía el Espíritu Santo (Ver 8,14-17).

La Iglesia llama "sacramentos" al bautismo y la confirmación. Ambos están íntimamente ligados y corresponden a lo que llamamos "la iniciación cristiana", que se completa con la participación en y recepción de la Eucaristía.

Se supone que cuando una persona es bautizada recibe el Espíritu Santo y sus dones, para poder vivir así la nueva vida a la que ha sido llamada por Dios. De todos modos, esta presencia del Espíritu es "confirmada", ratificada y ampliada con el sacramento de la "imposición de manos" como se le llamó por varios siglos.

Este nuevo sacramento (signo eficaz de la gracia de Dios), da una fuerza especial del Espíritu Santo para que el cristiano pueda cumplir con sus compromisos fundamentales y sea testigo y profeta de Jesús.

Los sacramentos, según lo que la Iglesia nos enseña, confieren la gracia de Dios "ex opere operato", lo que viene a significar que lo hacen independientemente de las disposiciones del sujeto. Por supuesto que los frutos de un sacramento sólo serán posibles si la persona es consciente de lo que ha recibido y se abre a la acción de Dios.

Muchas personas han recibido los sacramentos del bautismo y la confirmación sin estar verdaderamente conscientes del regalo que Dios les ha hecho. Esto no significa que el regalo no sirva. Ellos son los que no lo han descubierto y, por lo mismo, no lo usan.

Es como si alguien nos regalara un aparato que no sabemos usar o no entendemos para qué sirve y lo dejamos tirado en un rincón. Un buen día, alguien nos habla de lo maravillosos que son tales aparatos y nos acordamos de que tenemos uno que no hemos usado jamás. Y entonces nos sorprendemos de lo que teníamos sin haberle sacado utilidad alguna.

Cuando una persona bautizada y confirmada, pero sin vivir el significado de ambos sacramentos, descubre lo que Dios le ha dado, llega a una conversión interior que le impulsa a hacer fructificar los dones recibidos. Es entonces cuando se produce lo que, en lenguaje más moderno, llamamos el "bautismo en el Espíritu Santo", que viene a ser como una renovación de aquella gracia que vivía dormida en nosotros.

No se trata, en modo alguno, de un nuevo sacramento, ya que tanto el bautismo como la confirmación se reciben una sola vez en la vida.

El "bautismo en el Espíritu Santo", como renovación que es de una gracia que ya teníamos, puede repetirse todas las veces que queramos, aunque suele estar precedido de una adecuada preparación, como un retiro, un seminario o algo así.

El "bautismo en el Espíritu Santo", contrario a lo que algunos creen, no conlleva, necesariamente, la manifestación exterior de carismas, aunque si se realiza conscientemente, es seguro que siempre se reciben dones del Señor.

No olvidemos, sin embargo, lo que nos enseña san Pablo sobre el amor, que es el mejor y más importante de los carismas (Ver 1ª Corintios 13).

El fruto manifiesto de que se ha recibido el "bautismo en el Espíritu" es que nuestra vida se vea transformada en el amor. Sin eso, todos los otros carismas no valen de nada.

...AHORA SE PUEDEN CREMAR LOS CADÁVERES?

La Iglesia sigue manteniendo su postura de preferir que los cadáveres sean enterrados y no incinerados. Esto se debe, más que nada, a la gran dignidad que se reconoce al cuerpo humano como templo de Dios, por ser el estuche de nuestra alma inmortal.

Sabemos que ya en los tiempos del Imperio Romano era usual, entre los paganos, la cremación de los cadáveres, lo mismo que lo sigue siendo hoy en la India. Pero los cristianos heredaron de los judíos la costumbre de dar sepultura a los cuerpos de los difuntos.

La prohibición de la Iglesia a la cremación fue, principalmente, una reacción ante los fines que perseguían sus más obstinados defensores, que eran evidentemente anticristianos, pues con ello pretendían enfatizar su negación a la resurrección de los muertos y la existencia de la vida eterna.

Por eso el Derecho Canónico, en el canon 1203, declaraba que era ilícito mandar a quemar el propio cadáver y desligaba a los familiares del difunto de la obligación de cumplir este deseo. Por el canon 1240 se negaban los ritos funerales a los que pedían la incineración de su cuerpo.

Es muy cierto que la drástica postura de la Iglesia fue cambiando a medida que los motivos de los defensores de la cremación dejaron de ser anticristianos.

Muchos, por ejemplo, consideran hoy que la incineración es una medida higiúnica, sobre todo en los casos en que la muerte ha sido producida por una enfermedad infecciosa. Muchas personas alegan también motivos económicos para la cremación, dado el alto costo que suelen tener los funerales.

Por un decreto de la Congregación del Santo Oficio del 8 de mayo de 1963 se premitieron los ritos funerales a los que habían pedido la cremación, siempre que constara que no se había procedido de mala fe o por motivos cristianamente inaceptables.

Ya hoy está claro que la cremación es una opción totalmente aceptable. Esto no obsta para que la Iglesia siga prefiriendo la inhumación, considerándola más propia de la dignidad del cuerpo humano, que fue santificado por la encarnación del Hijo de Dios.

...DURANTE MUCHO TIEMPO LA IGLESIA PROHIBIÓ LA LECTURA DE LA BIBLIA?

La Sagrada Escritura ha sido siempre lectura obligada para los cristianos, pues en ella se basan las verdades de la fe y de ella bebemos el mensaje de salvación que Dios nos ha enviado, desde antiguo, a través de los patriarcas y profetas y, sobre todo, de su propio Hijo, Jesucristo.

Vemos que desde los primeros tiempos se dio gran importancia a las lecturas del Antiguo Testamento en las reuniones cristianas, que poco a poco se fueron completan-do con los escritos que hoy llamamos "Nuevo Testamento".

Aunque por aquellos tiempos era tan prácticamente imposible que cada cristiano tuviese una copia de las Sagradas Escrituras, se alentó su lectura como parte importante del vivir cristiano.

Ocurrió, sin embargo, que después de la llamada "reforma protestante" se propagó la idea de que la Biblia tenía que ser interpretada libre-mente, lo que, necesariamente, trajo consecuencias nefastas para la unidad de la fe.

Esto obligó a los dirigentes de la Iglesia a ponerse en guardia para evitar males mayores, haciendo que la lectura de las Sagradas Escrituras se redujese al ámbito de las reuniones oficiales o de los centros de estudio, para que pudiera tener una adecuada interpretación.

Es posible que tal situación se prolongase más de lo debido y que de ello se sacase la idea de que los católicos no podían leer la Biblia. De suyo, todavía en nuestros dias, son muchos los católicos que hacen muy poco uso de ella, si es que la tienen, lo que es muy de lamentar.

Como las cosas no ocurren de improviso, el movimiento para acercar a los católicos a la lectura de la Palabra de Dios se ha ido incrementando poco a poco, y hoy no podría considerarse verdadero católico quien no lee y medita asiduamente la Sagrada Escritura.

Ya existen versiones de la Biblia en casi todos los idiomas y se trata de difundir al máximo su lectura, aunque siempre sometiendo su interpretación a la fiel enseñanza de la Iglesia, que es la depositaria de la divina Revelación. Los que pretendan interpretar la Escritura a su manera estarán expuestos a toda clase de errores, lo que puede tener muy malas consecuencias en el orden espiritual.

...HAY QUE BESARSE EL DEDO PULGAR AL HACER LA SEÑAL DE LA CRUZ?

Definitivamente no. La señal de la cruz se hace, solamente, llevando la mano a la frente, el vientre, al hombro izquierdo y al hombro derecho. Es lo que se llama santiguarse.

Desde antiguo hay también otra forma que se llama "persignarse" y que consiste en hacer tres cruces sucesivas en la frente, la boca y el pecho.

Lo de besarse el dedo tiene su razón de ser en la costumbre existente en algunas partes de formar una cruz con el dedo pulgar colocado sobre el índice, de manera que se terminaba la santigua-ción con el beso a esa cruz.

La mayor parte de los que hoy se siguen besando el dedo lo hacen automáticamente y sin saber por qué actúan así. Personalmente me inclino a pensar que es mejor suprimir ese beso, pues en realidad no tiene sentido.

Otra cosa es hacer la señal de la cruz, ya que la Iglesia nos enseña que tanto el persignarse como el santiguarse son un recuerdo de que Jesús, con su muerte en la cruz, nos ganó la eterna salvación.

Aprovecho para llamar la atención sobre la forma en que algunos católicos se santiguan, pues sus gestos son un perfecto garabato y no una verdadera señal de la cruz.

Invito a los lectores a que se fijen bien en la forma en que se santiguan, pues podemos dar muy mala impresión a los no católicos al hacer las cosas, aparentemente, de cualquier manera. Creo que hacer una cruz sobre nosotros mismos no puede ser muy difícil y vale la pena hacerlo bien.

...SE PUEDE COMULGAR DOS VECES EN UN MISMO DÍA?

La antigua ley de la Iglesia prohibía comulgar más de una vez al día, posiblemente para evitar abusos. El Canon 857 decía: No es lícito recibir la Santísima Eucaristía a quien ya la haya recibido el mismo día, salvo en los casos de que se trata en el canon 858, a 1. (El artículo 1 del citado canon hablaba de los que están en peligro de muerte o deben comulgar para evitar la profanación del Santísimo Sacramento).

En el Código de Derecho Canónico actualmente vigente se dice en el canon 917: Quien haya recibido la Santísima Eucaristía puede de nuevo recibirla el mismo día solamente dentro de la celebración eucarística en la que participe, quedando a salvo lo que prescribre el canon 921, a 2.

(El artículo 2 del canon citado habla de los enfermos en peligro de muerte).

Con esto se permite a aquellas personas que tomen parte en una segunda Misa completa, volver a comulgar, para que así puedan participar plenamente de la misma, como es lo más deseable.

Como lo dicho en el canon 917 daba pie a la interpretación de que cada vez que se asistiese a una Misa se podría volver a comulgar, invitando con ello a algunos devotos exagerados a tratar de participar en todas las Misas posibles, se dio un decreto por el que se excluye el poderlo hacer más de dos veces el mismo día.

Está claro que esta posibilidad es sólo para los que participan en una segunda Misa, no para los que simplemente desean comulgar de nuevo, aun sin estar presentes en la celebración completa de la Eucaristía.

... HA HABIDO PAPAS INDIGNOS?

Cuando el Señor escogió a Pedro como su primer vicario, bien sabía que se trataba de un hombre y no de un ángel.

Pese a todo, para señalar la misión que le confiaba, le cambió el nombre, y a Simón le agregó "Piedra". Sobre esa "piedra" (ver Mateo 16,18), El iba a edificar su Iglesia.

Esto nos quiere indicar que la Iglesia, al igual que Cristo, tiene dos naturalezas, la divina y la humana. Por la primera la Iglesia está libre de toda posibilidad de error y puede contar con la asistencia del Espíritu Santo y la presencia de Jesús para defenderla. Por la segunda estará siem-pre sometida a la debilidad de sus miembros y podrá verse en ellos toda clase de flaquezas.

Aquel Pedro a quien Jesús había designado como cimiento de la Iglesia iba a demostrar pronto hasta dónde llega nuestra humana naturaleza, pues traicionaría a su Maestro de puro miedo. Pese a todo, Jesús reconfirmará a Pedro en su puesto con aquellas célebres preguntas: -¿Me amas más que éstos? (Ver Juan 21, 15-17) que sin duda estremecieron al discípulo.

Esa ha sido la historia de la Iglesia, insegura en sus miembros pero confiada totalmente en la promesa de Jesús: Los poderes del infierno no prevalecerán contra ella (Mateo16,18).

Las realidades buenas y malas están ahí, recogidas por los historiadores. Hemos de admitir, por tanto, que ha habido papas indignos, que debieron su elección a las ambiciones de un pequeño grupo de familias que llegó a dominar Roma en momentos de crisis.

Pese a todo, estos pontífices no hicieron nunca nada que comprometiera el legado doctrinal. Sólo ayudaron a demostrar que la Iglesia no subsiste por la santidad de sus miembros, sino a pesar de sus errores y debilidades.

No tenemos que temer estas verdades ni debemos ocultarlas. Son parte de un pasado del que podemos abochornarnos, pero que en ningún momento tiene que comprometer nuestra fe en Jesús y su obra. Nunca faltaron, aun en tiempos calamitosos, buenos cristianos que siguieron adelante a pesar de todo.

Como decía san Ignacio de Antioquía en el siglo I: Si Pedro bautiza es Cristo quien bautiza, si Judas bautiza, es Cristo quien bautiza. Con ello el santo obispo quería decir que los pastores sólo son instrumentos, independientemente de su santidad de vida. El Señor es quien obra en ellos, a pesar de sus debilidades y pecados, para bien y salvación de todos.

Claro que sería mucho mejor y más deseable que todos los miembros de la Iglesia, pastores y laicos, hubiesen sido siempre santos, pero eso sería la historia de la Iglesia en el cielo, que en la de la tierra los hay santos y pecadores.

... NO HAY QUE VOLVER A BAUTIZAR A LOS QUE FUERON BAUTIZADOS EN UNA IGLESIA PROTESTANTE?

Sabemos que el movimiento protestante, la "Reforma", como se le dio en llamar, surge en el siglo XVI con Lutero y otros, como Zwinglio y Calvino.

Sin embargo, podríamos decir que ya desde los primeros tiempos hubo grupos separados, formados por cristianos que consideraban que la Iglesia Católica estaba equivocada.

Casi siempre el distintivo de estos grupos fue la agresividad contra los católicos, por lo que no aceptaban que hubiera nada bueno en la Iglesia. Hasta repetían el bautismo, por una intolerancia exagerada.

San Agustín, que vivió en el siglo IV, tiene unas palabras muy esclarecedoras sobre este tema. En uno de sus Comentarios sobre los Salmos pide que se tenga caridad para con todos, tambien con los que están separados de nosotros, que reconocen a Cristo como cabeza, igual que nosotros, pero están divididos en su cuerpo. Deploremos, hermanos, su suerte, sabiendo que se trata de nuestros hermanos. Lo quieran o no, son hermanos nuestros. Dejarían de serlo si dejaran de decir: "Padre Nuestro".

La historia se repite, lamentable-mente, y también hoy hay sectarios que no quieren saber nada de nosotros, como en los tiempos del gran Agustín. Veamos lo que dice el obispo de Hipona: Esos, pues, que dicen: "Ustedes no son hermanos nuestros", nos llaman paganos. Por esto, quieren bautizarnos de nuevo, pues dicen que nosotros no tenemos lo que ellos dan. Por esto, es lógico su error, al negar que nosotros somos sus hermanos. Mas, ¿por qué nos dijo el profeta: "Díganles: Ustedes son nuestros hermanos", sino porque admitimos como bueno su bautismo y por eso no lo repetimos? Ellos, al no admitir nuestro bautismo, niegan que seamos hermanos suyos; en cam-bio, nosotros, que no repetimos su bautismo, porque lo reconocemos igual al nuestro, les decimos: "Ustedes son hermanos nuestros".

La práctica que Agustín señala la ha conservado la Iglesia, consciente de que eso es lo que quiere el Señor. Por eso, si alguien se convierte del protestantismo, no tiene que volver a bautizarse, sino sólo hacer una profesión de fe católica.

La excepción sería con los "Testigos de Jehová" y otros que no creen en la Trinidad, ya que no bautizan "en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo". Como esto está en contra de lo mandado por el propio Jesús (ver Mateo 28,19), no podemos considerar su bautismo como válido.

... JUDAS SE CONDENÓ?

Esto ni la Iglesia se ha atrevido nunca a afirmarlo.

Algunos alegan que Jesús mismo dio a entender el triste fin de Judas, al pronunciar aquellas terribles palabras: ¡Ay de ese que va a entregar al Hijo del Hombre! ¡Mas le valdría a ese individuo no haber nacido! (Marcos 14,21).

La traición de Judas tiene que haber sido un grandísimo pecado. De eso no hay duda alguna. Pero nunca sabemos lo que puede pasar en el corazón y la mente de una persona.

Si ambicioso fue Judas, ambiciosos lo fueron también los demás. Sólo que éstos lograron cambiar su corazón y comprender.

A Judas lo perdió el amor al dinero y la ambición por las cosas de este mundo. Pero el corazón de Dios es más grande que todas nuestras maldades, y aquel que fue llamado a ser un apóstol, pudo encontrar, a última hora, la oportunidad del arrepentimiento y la salvación.

No, no hay una respuesta a la pregunta. Pero si al final Judas se condenó no fue porque le faltaran medios y oportunidades. Estar al lado de Jesús, tan íntimamente, que hasta era el encargado de las compras, no permite a Judas muchas justificaciones.

Apliquémonos la lección para que nunca la ambición nos aparte del camino del Señor.

... HUBO UN PAPA QUE LO FUE TRES VECES?

Efectivamente, hubo un papa que ocupó la sede de Pedro en tres ocasiones distintas, asignándosele los números 145, 147 y 150. Ese papa en cuestión lo fue Benedicto IX, cuyo nombre original era Teofilatto. Ha habido, pues, tan sólo 262 papas, aun cuando Juan Pablo II ostenta el número 264.

Por ese tiempo la Iglesia vivía lo que se llamó el "siglo de hierro del Pontificado". Poderosas familias imponían en Roma su voluntad. Teofilatto pertenecía a la de los Tusculani.

Siendo un jovencito de 12 años fue impuesto como papa, pero sus abusos y conducta licenciosa provocaron un levantamiento popular en su contra, por lo que tuvo que abandonar Roma. Esto ocurría a finales del 1044, menos de dos años después de su coronación.

En su lugar fue elegido, el 20 de enero de 1045, el obispo Juan de Sabina, con el nombre de Silvestre III.

Al mes siguiente, febrero de 1045, los hermanos y otros partidarios de Benedicto irrumpieron en Roma y expulsaron a Silvestre.

Benedicto ocupó el trono por segunda vez el 10 de abril de 1045, pero, a los pocos días, vendió sus "derechos" a su padrino, Giovanni Graziano, que era un piadoso y honesto sacerdote.

Graziano vio en ello la oportunidad de salvar al papado de las atrocidades atribuidas a su ahijado, y ocupó el trono con el nombre de Gregorio VI, el 5 de mayo de 1045.

Sus enemigos lo acusaron de simonía (venta de favores espirituales) y en el Concilio de Sutri, presidido por el emperador Enrique III de Alemania, fue forzado a abdicar, lo que hizo el 20 de diciembre de 1046.

El mismo Concilio de Sutri depuso a Silvestre y a Benedicto, pues ambos reclamaban ser los legítimos papas. De ahí surgió la elección del obispo Suidger de Bamberg, Alemania, quien había acompañado a Enrique a Italia y fue escogido personalmente por el propio emperador, y confirmado por los cardenales, quienes lo eligieron el 25 de diciembre de 1046, tomando el nombre de Clemente II.

Todo parecía indicar que la carrera de Teofilatto IX había finalizado, pero ni él ni sus partidarios aceptaban tal cosa. Por el contrario se sospecha que estuvieron detras de la súbita muerte de Clemente II, el 9 de octubre de 1047, menos de un año después de su elección.

Esto pareció confirmarse por el hecho de que Benedicto regresó inmediatamente a Roma y se hizo elegir por tercera vez el 8 de noviembre de 1047.

Nuevamente intervino Enrique III de Alemania, quien dio órdenes que obligaron a Benedicto a renunciar, sucediéndole otro obispo alemán, también designado por el emperador, y que reinó con el nombre de Dámaso II, aunque sólo por 23 días, al cabo de los cuales murió de malaria.

Se dice que Benedicto IX se arrepintió de sus muchos pecados y se retiró al monasterio de San Basilio en Grottaferrata, donde permaneció hasta su muerte, ocurrida probablemente entre 1055 y 1056. Así terminó quien protagonizara el extraño caso de un papa "elegido" tres veces.

Eso demuestra los terribles efectos que produjeron las injerencias de los poderosos en los asuntos de la Iglesia.

Pero también cómo el Señor cuida su Iglesia, que a pesar de todo ha podido superar tales escollos porque El, y sólo El, la sostiene.

... UN CRISTIANO PUEDE CREER EN LA REENCARNACIÓN?

Por supuesto que no. El cristiano cree en lo que le ha sido revelado por Dios, sobre todo por medio de su Hijo Jesucristo, la Segunda Persona de la Trinidad divina, que se hizo uno de nosotros para enseñarnos el camino de la Verdad y, al mismo tiempo, redimirnos del pecado y de la muerte.

Si la reencarnación fuese cierta, ¿cómo es que Jesús no dijo nada acerca de ella?

La creencia en la reencarnación es el producto de un esfuerzo humano por explicar las aparentes injusticias y contradicciones que encontramos en el mundo.

Antiguos pensadores, sobre todo en la India, elaboraron todo un sistema doctrinal basado en que si vemos que aquí hay personas que lo pasan muy bien, y otras que sufren mucho, tiene que ser porque las segundas cometieron pecados en una vida pasada y por eso están purgándolos en la presente.

Así se llegó al concepto de lo que se llama "la ley del Karma", por la que una persona que lleva una vida de pecado, al morir se reencarna en un animal o en otra persona, dependiendo de una serie de detalles y situaciones. Sobre esto hay muchas discrepancias entre unos grupos y otros de los que en esto creen.

Esto, como se dijo, ha sido el producto de un esfuerzo humano por responder a preguntas que siempre han inquietado al ser humano, pero tales respuestas en modo alguno pertenecen a la Revelación que Dios nos ha dado y que es la que debe regir nuestras vidas.

Lo único que puede hacer un cristiano ante la creencia en la reencarnación es rechazarla por anti-cristiana y también anticientífica.

Creer en la reencarnación sería negar una de las verdades fundamentales de nuestra fe: que Cristo fue el que cargó sobre sus hombros nuestros pecados y pagó por ellos. Que la salvación eterna se nos da gratuitamente, por puro amor de Dios, con tal que aceptemos lo que El nos ofrece y tratemos de acomodar nuestra vida a sus mandamientos.

Si la salvación dependiera de nuestro propio esfuerzo a través de vidas sucesivas, en las que iríamos purificándonos, entonces el sacrificio de Jesús estaría de más.

... AHORA SE ANULAN LOS MATRIMONIOS CON TODA FACILIDAD?

Podría comenzar diciendo que los matrimonios no son anulados, pues eso sería atribuir a la Iglesia un poder que no tiene. Jesús afirma claramente: Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre (Mateo 19,6).

Lo que la Iglesia hace es "declarar nulo" un matrimonio - lo que es algo muy distinto -, cuando se prueba que éste, desde un principio, presentaba problemas, demostrando con ello que no podía funcionar como es debido.

De todos modos la Iglesia no procede nunca a la ligera, sino que exige un largo y profundo estudio de cada caso para determinar si realmente el matrimonio en cuestión fue válido o no.

De demostrarse esto último, dentro de lo que humanamente sea posible, el tribunal encargado - suele haber uno en cada diócesis para atender la revisión de los casos matrimoniales -, procede a declarar su nulidad.

Entonces esta sentencia debe ser sometida a otro tribunal, que se encuentra en una diócesis diferente, para dar mayor seguridad a la sentencia anterior. Sólo cuando este tribunal ratifica la sentencia del primero es que la declaración de nulidad tiene efectividad.

Es cierto que, antiguamente, el proceso para la posible declaración de nulidad de un matrimonio era un trámite sumamente engorroso y caro, ya que había que acudir, en última instancia, a un tribunal en Roma, algo que fue reformado, para bien de las parejas, en los últimos años. Esto no significa laxitud ni descuido, sino una mayor comprensión de los conflictos humanos, que la Iglesia no puede desconocer por simple leguleyismo.

Creo que los tribunales encargados de estudiar los casos actúan muy seriamente, y que si se han dado muchas declaraciones de nulidad en los últimos tiempos es porque, sobre todo en los Estados Unidos, hay mayores facilidades y muchas personas trabajando a tiempo completo en los tribunales.

Nadie tiene derecho a creer que las declaraciones de nulidad se dan por dinero. Es cierto que hay que pagar algo para ayudar a los muchos gastos que se incurren durante el proceso, en especial los salarios de las personas que trabajan en el mismo, pero eso no cubre sino sólo una parte de lo que hay que gastar. A nadie, en último término, se le negaría el proceso por no tener dinero.

... LA HOMOSEXUALIDAD ES UNA PERVERSIÓN?

Los científicos han llegado a la conclusión de que alrededor del cinco por ciento de la población mundial es homosexual. No creo que haya manera de corroborarlo con exactitud.

Esto no significa, sin embargo, que tantas personas hayan nacido con tal propensión. Se supone que la homosexualidad químicamente pura es rara, siendo ella, en la mayoría de los casos, producto de poblemas sicológicos que van desarrollándose desde la más tierna infancia, pudiendo existir una minoría cuyos desajustes se deban a desequilibrios congénitos.

Los adelantos que la ciencia ha hecho en este campo son todavía limitados, pero se sabe que si esta situación no se resuelve a tiempo, quedará fijada en forma irreversible y el individuo, hombre o mujer, mantiene su inclinación por toda la vida.

Es importante resaltar que aquí no se puede hablar de "preferencias sexuales", pues eso supondría la posibilidad de hacer una opción consciente y personal. El homosexual no escoge la inclinación, ni tiene culpa de lo que le sucede.

Tampoco se puede hablar de homosexualidad simplemente por gestos o amaneramientos que pueda tener un individuo. Lo que define la misma es la inclinación que se tenga hacia personas del propio sexo.

La gente tiene, en general, conceptos muy equivocados sobre la homosexualidad, ya que suele juzgar a los que la padecen con muchos prejuicios, lo que se ha agravado por la pretensión de algunos homosexuales militantes de hacer aparecer su condición no como una enfermedad o desviación sino como algo supernormal o cosa así.

Creo que, siendo objetivos, no podemos considerar a los homosexuales, de ninguna manera, como unos degenerados por el simple hecho de serlo. Tampoco son un tercer sexo con las características de normalidad que algunos pretenden.

Los homosexuales tienen derecho a ser comprendidos, pero no a hacer alardes de su condición, de tal forma que se les permita hacer exposición pública de lo que son, pues eso tampoco debe estar permitido a los heterosexuales.

Es una realidad que, desde muy antiguo, a los homosexuales se les ha considerado seres depravados que no merecen consideración. Se les ha discriminado,además, ostensiblemente, sobre todo a quienes, por sus amaneramientos, dan a entender que lo son.

Es necesario aclarar que un homosexual no tiene responsabilidad alguna de lo que siente, pues, cuando lo es de veras, no ha llegado a ello por su culpa. La condición homosexual, como tal, no es un estado de pecado.

El problema estriba en el control de las tendencias, que son tan fuertes como las de los heterosexuales. Los confesores tenemos que tener un gran cuidado en no avergonzar a los que padecen esta situación y tratar de ayudarlos con amor y comprensión, al igual que se hace con cualquier persona, no importa su condición.

Los cristianos, en general, haríamos mucho mejor si, en lugar de referirnos a los homosexuales como si fueran degenerados o sinvergüenzas, nos aplicásemos las consignas del Evangelio.

Entonces nos sentíriamos capaces de comprender a estos hermanos, muchos de los cuales sufren indeciblemente por lo que sin culpa padecen, y luchan con todas sus fuerzas para evitar las caídas en el pecado.

La Iglesia no puede dar la espalda a tantos seres humanos que han sido llamados también a la eterna salvación. Ella, en nombre del Señor, los invita a buscar la santidad, y les recuerda que tienen también un lugar en el pueblo de Dios, no para alardear de lo que son (ese sería el otro extremo del asunto), sino para buscar el Reino en medio de las dificultades y las luchas de cada día, como tiene que hacerlo cualquier cristiano.

... CUANDO UNO MUERE TIENE QUE ESPERAR HASTA LA RESURRECCIÓN FINAL EN UN ESTADO DE INCONSCIENCIA?

Eso es, realmente, lo que enseñan algunos grupos no católicos, basándose, más que nada, en pasajes del Antiguo Testamento, pero contradiciendo la enseñanza de Jesús.

Sabemos que el Antiguo Testamento es Palabra de Dios, pero en muchos puntos su enseñanza no es tan clara, ya que la Revelación se fue abriendo paso poco a poco, llegando a su plenitud con la venida del Salvador.

Veamos qué dice Jesús sobre el tema que nos ocupa:

En una discusión con un grupo de saduceos, que negaban la resurrección de la carne, afirma clara-mente: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; pues para El todos están vivos (Lucas 20,38).

En la parábola de Lázaro y el rico, Jesús presenta las cosas como que, después de la muerte, y sin tener que esperar la resurrección final, Lázaro disfruta del consuelo y el rico de los tormentos del infierno (Ver Lucas 16,19-31).

Por otro lado, ya clavado en la cruz, el Maestro responde al "buen ladrón": Te digo que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso (Lucas 23,43).

San Pablo, por su parte, dice en su 2ª Carta a los Corintios: Sabemos que mientras vivimos en el cuerpo estamos lejos del Señor; pues caminamos por fe, sin ver todavía. Pero nos sentimos seguros y nos gustaría más salir de este cuerpo para ir a vivir junto al Señor (5,6-8).

El mismo Apóstol afirma: Sinceramente, para mí, Cristo es mi vida y morir es una ventaja. Pero si la vida de este cuerpo me permite aún un trabajo provechoso, ya no sé qué escoger. Estoy apretado por los dos lados. Por una parte desearía partir y estar con Cristo, lo que sería sin duda mucho mejor. Pero a ustedes les es más provechoso que yo permanezca en esta vida (Filipenses 1, 21-24).

Creo que estos textos son suficientes para demostrar que lo que enseña la Iglesia es lo correcto, es decir, que los que se salvan disfrutan de la felicidad junto a Dios después de la muerte, aunque pueda haber todavía una mayor plenitud con la resurrección del último día.

... EN EL CIELO PODREMOS TENER COMUNICACIÓN CON OTRAS PERSONAS?

No podemos saber cómo es realmente el cielo. Sólo tenemos un testimonio excepcional, el de Pablo: Yo sé de un hombre, si con el cuerpo o fuera de él, no lo sé, Dios lo sabe, que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras que no se pueden decir: son cosas que superan la capacidad del hombre (2ª Corin-tios 12,4).

También conocemos por Jesús que en la resurrección de los muertos ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como los ángeles de Dios en el cielo (Mateo 22,30).

Por lo tanto sería aventurado afirmar esto o aquello con respecto al cielo. De todas maneras, ¿podríamos imaginarnos una eternidad silenciosa, sin comunicación con los demás?

Si el amor impulsa a los seres humanos, ya en la tierra, a la comunicación más completa posi-ble, de forma que demostramos que amamos en la medida en que somos capaces de "poner todo en común" con alguien, así hemos de pensar que en el cielo la comunicación, no importa que usemos palabras o no, será algo realmente maravilloso.

Por otro lado tendremos la comunicación con Dios. Sabemos que El es una comunidad de per-sonas. Todos los salvados formaremos también, junto a la Santí-sima Trinidad, una gran comuni-dad, amándonos sin necesidad de exigir la posesión del otro, ya que todo egoísmo habrá desaparecido.

Creo que, como dice Pablo, todo lo que imaginemos sobre eso quedará pequeño ante la realidad. Pero siempre es bello pensar que un día, superadas estas etapas en que el ser humano está como encerrado en esta tienda de campaña que es el cuerpo (2ª Corintios 5,1), podremos gozar de la totalidad de la vida, y viviremos sólo para el bien y el amor, pues ya nada manchado podrá pasar por nuestras mentes.

... ES NORMAL TENER MIEDO A CONFESARSE?

El "miedo a confesarse" es algo natural que tiene que ver con la vergüenza que nos ocasiona el abrir el alma y reconocer nuestros pecados.

Toda confesión supone una humillación, pues nos damos cuenta de la miseria en que nos encontramos y la necesidad que tenemos de que Dios nos perdone.

En general solemos tener muy buena opinión de nosotros mismos, mientras que con frecuencia somos severos al juzgar a los demás. Cuando examinamos con sinceridad nuestras conciencias y descubrimos el horror del pecado, tenemos que sentirnos avergonzados.

Si no sintiéramos vergüenza por lo que hacemos es que no estamos arrepentidos, y en ese caso nunca vamos a acudir a Dios a pedirle un perdón que creemos no necesitar.

El "hijo pródigo" volvió lleno de vergüenza ante su Padre, pues se había dado cuenta de su mal comportamiento. De antemano reconocía que ya no merecía llamarse hijo y, por lo mismo, sólo intentaba suplicar a su Padre que lo recibiera como un simple empleado en su finca.

Tener que abrir el corazón y confesar lo malo que hemos hecho, no cabe duda, es un trago amargo, pero ¡qué bien nos sentimos después que lo hemos hecho, recibiendo así el perdón de Dios!

Lo malo no es sentir miedo sino permitir que ese miedo prevalezca y nos aleje del camino de la salvación. A pesar de todo, sabemos que el sacerdote va a recibirnos como un representante de Dios y no nos va a condenar, sino a perdonar, no importa lo grave que hayan sido nuestras culpas, con tal de que sintamos el arrepentimiento sincero y queramos ser absueltos.

Hay que recordar que el sacerdote está obligado, bajo severisimas espirituales, a guardar secreto de todo lo que oye en confesión y, gracias a Dios, jamás se ha oído decir que alguno haya quebrantado esta delicada responsabilidad.

... QUE DIOS USÓ A JUDAS COMO INSTRUMENTO SUYO?

Dios usa de instrumentos sólo para el bien, pues el mal nada tiene que ver con El. Si la gente que mata, viola, roba o delinque en cualquier forma, fuera instrumento de Dios, entonces no sólo no habría uno solo que fuera pecador, sino que, por el contrario, todos seríamos unos santos, pues no importa lo que hiciéramos, estaríamos realizando la voluntad de Dios.

El hecho de que la actuación de Judas fuera profetizada siglos antes no significa que él no obrara, llegado el caso, en forma libre y espontánea. Podríamos afirmar que lo de Judas fue profetizado porque él lo iba a hacer y no que él lo hizo porque estaba profetizado.

La traición de Judas se debió no a una decisión de Dios, sino a la perversión de su corazón, ya que seguía a Jesús por razones puramente terrenales.

Es posible que, en un principio, todos los apóstoles vieran en Jesús a un líder terrenal, político, que trataría de dar al pueblo de Israel la liberación del yugo romano que tanto anhelaba, devolviéndole el esplendor que había conocido siglos atrás.

Judas no cambió su corazón y su mente como los otros, sino que, hasta el último momento, siguió pensando en la posibilidad de conseguir un alto puesto si Jesús se convertía eventualmente en rey.

Cuando, al fin, se dio cuenta de su error, se sintió totalmente frustrado y engañado, planeando entonces su venganza.

El entregó a Jesús porque, desde su propio punto de vista, lo creyó un impostor, al no haber podido comprender - dado su gran egoísmo -, el alcance trascendente del mensaje de su Maestro, ni la proyección eterna que tendría su sacrificio.

... DIOS INSTITUYÓ EL MATRIMONIO SÓLO PARA LA PROCREACIÓN?

Por supuesto que no. Bien claramente se expresa en el libro del Génesis que la primera intención del Creador fue dar al ser humano una ayuda valiosa con la compañía de alguien que fuese, al mismo tiempo, igual y diferente.

Vean qué claras son estas palabras: No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle el auxiliar que le corresponde (Genesis 2,18). Así habló Dios consigo mismo, decidiendo crear la compañera del varón.

Al final de ese capítulo se dirá: Por eso el hombre abandona padre y madre, se junto a su mujer y se hacen una sola carne (2,24).

Con eso queda todo dicho. Dios quiere que el hombre y la mujer se amen, dándose el uno al otro lo mejor de sí mismos para encontrar en su mutua unión el mayor bien posible.

De esa unión, como bien y fruto, salen los hijos, que son una preciosa encomienda, complemen-to y prolongación del amor de los padres.

Lo primero, por tanto, es el amor de los esposos. Sin esto sería im-posible una auténtica procreación y educación, reduciéndose todo a una producción biológica muy semejante a la de los animales.

Este amor, si bien debe estar abierto a la vida, no tiene como obligación, para ser legítimo, que terminar en procreación, pues como sabemos hay casos en los que, por una razón u otra, esto es imposible.

Claro que si una pareja evita los hijos hasta el punto de cerrarse de manera absoluta a la procreación - no quieren tener hijos de ninguna manera -, este amor estaría minado de egoísmo y no sería suficiente para legitimizar la unión conyugal. El matrimonio, como tal, sería nulo.

Estos casos no parecen ser muy comunes, pues toda pareja que se ama desea tener algún hijo como reclamo profundo de su propio amor. Lógicamente, aquellos que sólo buscan de la unión la complacencia física, no tienen siquiera el derecho a procrear, pues el fruto de esa unión sería visto como una carga insoportable.

No es raro, pues, que muchos de esos embarazos terminen en aborto, ya que el egoísmo hace imposible la aceptación del regalo de Dios, ya que no puede ser considerado como la prolongación del amor, sino como la simple consecuencia de un descuido.

Concluyendo, lo que legitima el verdadero matrimonio es el amor sincero entre un hombre y una mujer, comprometidos a compartir la vida con todas sus consecuencias.

... BASTA CON LLEGAR ANTES DEL EVANGELIO PARA CUMPLIR EL PRECEPTO DOMINICAL?

Quien tenga esa mentalidad ya puede quedarse en su casa, pues demuestra que va a la iglesia los domingos guiado por el temor y no por el amor.

La Iglesia nos enseña que nos reunimos, en primer lugar, para escuchar la Palabra de Dios y luego, preparados con ella, participar en la Eucaristía, con la que renovamos el sacrificio pascual de Jesús y entramos en íntima comunión con El al recibir su Cuerpo y Sangre.

Quien sistemáticamente llega tarde a la iglesia y no le importa oír la Palabra está tomando las cosas de Dios con muy poca seriedad, y recordemos que la Escritura dice que de Dios nadie se burla.

Cualquiera puede tener un percance y llegar tarde. Pero lo que no es aceptable es que a uno le dé lo mismo uno cosa o la otra.

Es increíble ver que haya católicos, que serían incapaces de llegar tarde al cine, y hasta pasan horas antes de un partido de fútbol o beisbol, esperando pacientemente a que comience el juego, que luego se muestren tan impacientes cuando se trata de alabar a Dios.

¿Podrían esas personas alegar otra excusa que su falta de amor?

La Santa Misa es, ante todo y sobre todo, una celebración de amor. Quien no vaya impulsado por el amor ha equivocado el rumbo y debería reflexionar seriamente si Dios es de verdad importante en su vida.

... SOPORTAR EL DOLOR AYUDA A FORTIFICAR EL CARÁCTER?

Durante bastante tiempo se pensó que sufrir era algo que ayudaba a fortificar el carácter y, sobre todo, la voluntad, de tal manera que eran recomendadas varias formas de mortificación.

Las más conocidas eran los latigazos o disciplinas, que se descargaban sobre las espaldas y otras partes del cuerpo, y los cilicios, que eran alambres con púas que se clavaban en la piel.

También permanecer de rodillas por largo tiempo, a veces con piedrecitas debajo de las mismas, o tener los brazos en forma de cruz, lo que ocasiona un fuerte dolor.

Hoy en día casi nadie se atreve a decir que estas formas de mortificación o ascesis sean efectivas para aumentar la virtud, y me parece que no hay muchos que las recomienden.

Mucho más importante parece ser el compromiso de cumplir fielmen-te las obligaciones contraídas; aceptar con alegría las adversidades de la vida, como las enfermedades; tener paciencia con el prójimo y soportar las injurias y ofensas sin responder a ellas con espíritu vengativo.

Si aprovechamos las oportunidades que la misma vida nos va dando, muy bien podemos ser capaces de disciplinarnos sin llegar a los extremos antes citados.

Hoy la gente tiende a buscar siempre lo más sabroso, cómodo, bonito, fácil y sin complicaciones. Así estamos creando generaciones de gente sin voluntad ni dominio de sí, incapaces de sacrificarse por nada ni por nadie. Con ellas no vamos a ningún lado.

Soportar el dolor innecesariamente puede ser una tontería sin sentido. Enfrentarnos con alegría y generosidad a los múltiples problemas de la vida, incluso el dolor que no podemos evitar, puede ser la mejor escuela para forjar una voluntad férrea y un carácter verdaderamente cristiano.

... LOS POSEÍDOS DEL EVANGELIO ESTABAN REALMENTE BAJO EL INFLUJO DIRECTO DEL DEMONIO?

En los evangelios encontramos varios casos de aparente posesión diabólica. Saber cuáles de ellos fueron reales y cuáles no es una tarea casi imposible de llevar a cabo.

Hay que tener en cuenta que, por aquel entonces, existía una absoluta ignorancia con respecto al origen de las enfermedades. La humanidad tendría que esperar a Pasteur (siglo XIX) y a otros, para descubrir que todas tienen causas naturales.

En épocas pasadas se conside-raba que las enfermedades eran causadas por la influencia directa de espíritus malignos que entraban en el cuerpo del sujeto.

Esto era una ampliación bastante curiosa de una verdad de fe: el mal es consecuencia del pecado.

Claro que eso no nos da derecho a afirmar que, puesto que el pecado es el origen de todo mal, son los espíritus malignos los que se encarnan en el sujeto para hacerle pagar por sus culpas. Esto nada tiene que ver con las verdades de fe, aunque sí con la imaginación popular de otros tiempos. Todavía nos quedan resabios de esa mentalidad.

Ante una convicción tan extendida de que cada enfermedad se explicaba por la presencia de uno o varios espíritus malignos, el Señor no podía ponerse a enseñar lo que costaría a la humanidad siglos de investigación. Se limitaba a aceptar tales cosas y curaba a los enfermos como si expulsara supuestos demonios.

Puede que en algunos casos existiera verdadera posesión diabólica, lo que no sucede tan frecuentemente como algunos parecen suponer. Como dije, no es fácil distinguir entre unos y otros.

Lo único cierto es que cuando tenemos el auxilio del Señor podemos vencer al demonio, que sólo tiene sobre nosotros el poder que nosotros mismos le demos.

Hay quienes cierran su corazón a Dios y se lo abren, de par en par, a Satanás. No es extraño que "éste" haga en sus vidas verdaderos estragos.

Cuando estamos unidos a Dios no hay poder diabólico que pueda con nosotros. Pero no olvidemos las palabras de Jesús: Esta mala raza no sale más que a fuerza de oración (Marcos 9,29).

...EN EL FUTURO HABRÁ SACERDOTES CASADOS?

Creo que debemos acostumbrarnos a la idea de que, en un futuro no lejano, se volverá a una antigua tradición, lamentablemente aban-donada en la Iglesia de rito latino.

Se trata de que hombres casados, como la mayoría de los apóstoles, sean ordenados sacerdotes.

El movimiento en esta dirección es bien claro, sobre todo entre los obispos de los países con mayor número de católicos y un número insuficiente de vocaciones para el sacerdocio célibe. Parece una contradicción, pero es asi.

Durante siglos fue normal que hombres casados de probada virtud y con matrimonios estables fueran ordenados sacerdotes. Los que preferían vivir su vocación celibataria solían entrar en algún monasterio, sin pensar incluso en llegar a la ordenación.

Llegó un momento en que se consideró que el ideal de los sacerdotes debía ser una imitación de la vida de los monjes, por lo que, en la Iglesia latina, se dejó poco a poco de ordenar hombres casados, para hacerlo sólo a solteros.

Sin embargo, en las iglesias de ritos orientales se conservó la ordenación de hombres casados, e incluso hoy día existe en las que están en plena comunión con Roma.

Que sacerdotes célibes reciban permiso para contraer matrimonio no ha sido nunca la regla, por lo que cuesta más trabajo pensar que la Iglesia cambie una disciplina que ha durado muchos siglos.

Pero sería un gran paso de avance, y una ayuda de primer orden a la gran crisis que hoy se padece en muchos países por falta de suficientes sacerdotes, que hombres casados fuesen ordena-dos para servir a las comunidades hambrientas de Dios.

Esto permitiría contrarrestar el auge tenido por las sectas, que sin lugar a dudas sacan ventaja del gran número de comunidades católicas que no cuentan con un pastor que las atienda.

Debemos, pues, orar por esta intención. Sería un cambio de primera importancia para el futuro de la Iglesia. Que el Espíritu Santo oriente al Papa y a los obispos para que tomen la decisión que sea más sabia y conveniente.

Al menos sabemos que hay un precedente. Durante siglos el diaconado permanente fue prácticamente abolido en la Iglesia latina, algo que nunca se hizo en las orientales. Hoy, gracias al Concilio, hemos vuelto a tener diáconos permanentes, casados o no. ¿Por qué pensar que no puede pasar lo mismo con hombres casados que puedan acceder al sacerdocio?

... HUBO UN EMPERADOR ROMANO QUE, PARA EVITAR QUE SE CUMPLIERAN LAS PROFECÍAS DE JESÚS, TRATÓ DE REEDIFICAR EL TEMPLO DE JERUSALÉN?

Los evangelistas sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) hablan de la predicción de Jesús sobre la destrucción del Templo de Jerusalén. Dice Mateo: Jesús salió del Templo y, mientras caminaba, sus discípulos se le acercaron y le hacían notar las imponentes construcciones del Templo. Pero El respondió: -¿Ven todo esto? En verdad les digo que aquí no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido (24,1-2).

Esto ocurrió realmente el año 70, cuando las tropas romanas, al mando del general Tito, sofocaron la revuelta de los judíos a sangre y fuego, destruyendo totalmente la ciudad y su Templo.

El emperador romano a quien se le ocurrió la idea de reconstruir el Templo fue a Juliano, llamado el apóstata, pues a pesar de haber recibido el bautismo, y haber sido educado en parte por el famoso obispo Eusebio de Nicomedia, luego abandonó la fe católica y se volvió en contra del cristianismo.

Lo que es seguro es que trató por todos los medios de restaurar el paganismo e hizo todo lo que pudo por destruir el cristianismo.

Como parte de esta campaña estuvo su idea de reconstruir el Templo de Jerusalén, pero no tanto para demostrar que las profecías de Jesús no se habían cumplido, pues ya eso había ocurrido, sino para ofender a los cristianos.

Este proyecto fue puesto de lado cuando hubo rumores, no sabemos si fundados, de que unas extrañas bolas de fuego estaban surgiendo de las ruinas del antiguo Templo.

Siendo los romanos sumamente supersticiosos, seguramente pensaron que era un aviso en contra de la reconstrucción. Los mismos judíos tampoco se habían sentido muy entusiasmados con el proyecto.

Juliano se empeñó en invadir a Persia, lo que resultó un gran fracaso. Fue durante la retirada que el emperador, a la sazón de 31 años, fue herido por una lanza que nadie supo de donde salió, atravesándole el hígado. Murió al día siguiente.

Se dice que al final, viéndose al borde de la muerte, Juliano profirió estas palabras: ¡Venciste, Galileo!, con una clara referencia a Jesús, contra quien trató de luchar llevado por un odio inexplicable hacia el Salvador.

Juliano solía referirse a los cristianos como "mentirosos galileos". Su muerte ocurrió en junio 26 ó 27 del año 363.

... NO SE PUEDE ACELERAR LA MUERTE DE ALGUIEN QUE DE TODAS MANERAS VA A MORIR?

Causar la muerte de una persona por compasión a sus sufrimientos es lo que se llama eutanasia. La Iglesia ha insistido en que nada puede justificar que se acelere la muerte de alguien, y que la eutanasia es un asesinato.

Si nosotros miramos solamente las apariencias, es posible pensar que acelerar la muerte de una persona gravemente enferma es un bien, pues le evitaríamos los sufrimientos que está padeciendo, pero no podemos olvidar que ese sufrimiento puede tener un valor inapreciable con miras al Reino de Dios.

Hemos de reconocer que no es fácil descubrir el valor del sufri-miento. Por el contrario, todo en nosotros parece resistirse a la idea de considerarlo como un don o gracia del Señor.

Sin embargo, cuando contemplamos nada menos que al Hijo de Dios clavado en una cruz, por expreso deseo del Padre, es cuando estamos en capacidad para comprender que detrás del sufrimiento se esconde un misterio de salvación.

Por otro lado, sólo Dios tiene derecho a determinar el fin de la vida de cada quien. Ni uno mismo puede disponer de ella, pues la vida es un regalo del Creador y nuestra obligación es administrarla y cuidarla.

No todo lo que, humanamente hablando, consideramos como desgracias, lo son en realidad. Muchos enfermos han llegado a la salud interior en la experiencia del sufrimiento.

¿Vale o no la pena sufrir un poco con tal de salvarnos eternamente? Este es el mensaje que nos transmiten las Escrituras.

Así dice Pablo: Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, toda vez que, si ahora padecemos con él, seremos también glorificados con él. Entiendo, por lo demás, que los padecimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria que un día se nos revelará (Romanos 8, 17-18).

Claro que esto no significa que tengamos que sufrir por gusto o no podamos buscar la disminución o desaparición del dolor. Para eso existen muchos medios legítimos. Pero la eutanasia nunca podrá justificarse desde una visión de fe.

Otra cosa es que a una persona en estado de coma se le quiten las ayudas artificiales que la mantienen viva, aunque se sepa que morirá sin ellas, ya que no hay obligación alguna de prolongarle la vida de esa manera.

Ni acelerar la muerte ni prolongar la vida artificialmente. Que sea siempre lo que Dios determine, dejando a la persona morir en forma natural.

... ADÁN Y EVA NUNCA EXISTIERON?

Hay personas que se atormentan mucho cuando alguien les explica ciertas cosas en una forma totalmente diferente a como ellas las han aprendido.

Esto ocurre, sobre todo, porque se han quedado , en materia religiosa, con los conocimientos que adqui-rieron en la niñez y no han ido progresando a medida que pasan los años.

Es sorprendente la ingenuidad de muchos a propósito de la religión, y es que siguen aferrados a las explicaciones que los catequistas les dieron, en su momento, tratando de adaptarse a la edad que entonces tenían.

Por eso cuando se les dice que los primeros capítulos de la Biblia tratan de explicar, en una forma que hoy llamaríamos novelada, las verdades sobre la creación y la aparición del ser humano en la tierra, su tentación y su pecado, son capaces de sufrir una conmoción espiritual.

La Biblia no es un libro de ciencia, sino el vehículo a través del cual Dios se nos revela, contando con las limitaciones de los que han sido sus instrumentos, es decir, todos los que intervinieron en la confección de los distintos libros que componen la Sagradas Escrituras.

Cuando el autor - o los autores - del Génesis, quiso explicar la intervención de Dios en la creación de los astros, de la tierra, de los animales, plantas y cosas, y al final del ser humano, se valió de las historias que circulaban entre la gente de su tiempo y usó los nombres de Adán y Eva como un símbolo de la primera pareja humana.

Posiblemente nunca habrá un acuerdo sobre si Dios creó primero una sola pareja o varias, pero es indiscutible que la forma de hablar de los primeros capítulos de la Biblia no es histórica en el sentido que hoy le damos a esta palabra.

De esto podemos deducir que no existieron un Adán y una Eva tal y como nos los describe el Génesis. Todo lo que el libro sagrado quiere decirnos en esos primeros capítulos es que el ser humano y todo lo que existe responde a un maravilloso plan de Dios Creador.

... SAN PEDRO FUE EL PRIMER PAPA?

Las primeras pruebas de esto las tenemos en los propios evangelios. Mateo recoge el momento en que Jesús cambia el nombre a Simón, constituyéndolo, de hecho, en cabeza de la incipiente Iglesia:

Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro (Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos (16,17-19).

Juan nos describe deliciosamente el diálogo de Jesús con Pedro luego de su resurrección. Allí, al preguntarle por tres veces al discípulo que pocos días antes lo había negado, si lo amaba más que los otros, Jesús le ratifica a Pedro su primacía al confiarle: Apacienta mis corderos. Apacienta mis ovejas (21, 15-17).

Los sinópticos (Mateo 10,2-4; Marcos 3,13; Lucas 6,12) nos ofrecen la lista de los doce apóstoles y los tres ponen a Pedro, invariablemente, como el primero de todos. Así hace también el libro de los Hechos (1,13), que hace aparecer a Pedro, en varios pa-sajes, como el indiscutido jefe del grupo apostólico.

Así Pedro es el que tiene a su cargo el discurso del día de Pentecostés,( 2,14-36) y actúa siempre con la autoridad recibida del propio Jesús.

... PARA CASARSE POR LA IGLESIA HAY QUE ESTAR CONFIRMADO?

El sacramento de la Confirmación, desde el principio, ha estado ligado al crecimiento y maduración de la vida cristiana, de forma que no se puede concebir un cristiano verdaderamente formado que no esté confirmado.

En la primitiva Iglesia era normal que la confirmación se recibiera inmediatamente después del Bautismo, norma que se ha conservado en la Iglesia de rito oriental.

En la Iglesia latina o romana, sobre todo después de las reformas establecidas por el Concilio Vaticano II, se comenzó a retardar la Confirmación - creo que con mucha razón -, hasta una edad en la que la persona pueda reafirmar, personal y libremente, su compromiso cristiano.

Como muchas personas reciben el Bautismo nada más que por tradición familiar, y no porque sus padres sean miembros activos de una comunidad cristiana, es frecuente que se contenten sólo con eso, no dando los pasos hacia un posterior crecimiento, lo que llevaría al sujeto a recibir los sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía - aparte de la Penitencia -, cuando ha llegado a una edad conveniente.

Es deseo expreso de la Iglesia, reafirmado en el Código de Derecho Canónico, que los que van a recibir el sacramento del Matrimonio estén previamente confirmados.

A veces hay personas que se inscriben para casarse y luego no hay tiempo material para la Confirmación, pues quizás las fechas señaladas en su parroquia para la recepción del sacramento son posteriores a la de la boda.

Recordemos que como es ordinariamente un obispo el que confirma, en las parroquias se programan una o dos fechas de confirmaciones al año.

Este es el motivo por el que a veces se les permite a las parejas casarse antes de recibir la Confirmación, pero se les insiste en que la reciban lo antes posible.

Lo que no se puede asegurar es que lo hagan, pero ya eso queda a la conciencia de cada quien. Es necesario, con todo, insistir en que los católicos que no han recibido la Confirmación no se pueden considerar totalmente maduros en la fe, pues no es posible desdeñar la importancia de un sacramento que nos fue dado para recibir la fuerza del Espíritu Santo, necesaria para ser testigos y profetas de Cristo en el mundo.

... QUE LOS DIÁCONOS NO PUEDEN CELEBRAR MISA NI CONFESAR?

Los diáconos fueron instituidos, como leemos en Hechos de los Apóstoles 6,1-6, para dedicarse a la administración de los bienes de la comunidad, a fin de que no faltase nada a las viudas y a los huérfanos.

Sin embargo, muy pronto podemos ver que los diáconos van a desempeñar también un papel importante en la predicación de la Buena Noticia y en la administración del Bautismo.

Así, en el mismo libro de los Hechos, 8,4 y ss., se habla del diácono Felipe, quien fue el primero que predica en Samaria, logrando que un gran número de hombres y mujeres se conviertan y se bauticen.

En el texto se expresa claramente que Felipe los pudo bautizar, pero no confirmar, por lo que tuvieron que viajar desde Jerusalén Pedro y Juan, para imponer las manos sobre los bautizados y que recibieran el Espíritu Santo.

Algo más tarde, Felipe evangelizará y bautizará a un etíope que regresaba a su patria después de visitar Jerusalén (8,26-39).

Así, poco a poco a los diáconos se les irá encomendando una mayor participación en la liturgia, pero en la Eucaristía siempre ocuparán un lugar secundario, como auxiliares del obispo o del sacerdote, nunca presidiéndola.

Está muy claro, pues, a través del tiempo, que los únicos ministros de la Eucaristía como renovación del Sacrificio Redentor de Cristo son los obispos y los sacerdotes o presbíteros, aunque los diáconos pueden distribuir la comunión como ministros ordinarios de la misma. Los laicos que reciben la enco-mienda de ayudar a repartir la comunión, sea en la Misa o lle-vándola a los enfermos, lo hacen en calidad de "ministros extraordinarios".

Nunca se ha visto tampoco que los diáconos puedan confesar. Ese nunca ha sido parte de su oficio como ministros que son de la Iglesia.

... HAY QUE CONFESARSE TODOS LOS MESES?

El sacramento de la Penitencia es absolutamente necesario sólo cuando uno ha cometido pecados graves o mortales. Sin embargo, la Iglesia manda que uno lo haga al menos una vez al año, preferentemente durante el tiempo pascual, aunque aconseja que nos acerquemos a la reconciliación en forma más frecuente.

A una persona que comulga con frecuencia y se mantiene en estado de gracia se le puede aconsejar que se confiese en los tiempos litúrgicos más importantes, es decir, tres o cuatro veces al año, aunque nadie le niega la posibilidad de hacerlo más frecuentemente aún.

De todos modos, no debemos olvidar que hay otros medios de reconciliacián, como son, por ejemplo, los "actos penitenciales" que se realizan al comienzo de toda acción litúrgica.

Las personas que gustan de confesarse muy frecuentemente puede ser que les estén quitando el tiempo a otras que, a lo mejor, lo necesitan més.

Pensemos en una parroquia donde comulgan unas dos mil personas por semana. Si a la mayoria de ellas les diera por confesarse al menos todos los meses, se plantearía un problema pastoral de difícil solución, sobre todo en aquellas donde hay uno o dos sacerdotes trabajando.

Es cierto que el sacramento de la penitencia no es sólo para los que han cometido pecados graves, pero tampoco se debe caer en escrúpulos y pensar que sin una previa confesión, teniendo sólo pecados veniales, uno no puede acercarse a recibir la Sagrada Comunión.

... NO HAY QUE HACER CASO A ESAS CADENAS QUE ALGUNA GENTE ENVÍA POR CORREO O DEJA EN LAS IGLESIAS?

Esas cartas que algunos llaman "cadenas", pues se busca formar como una 'cadena" de personas, no están aprobadas por la Iglesia y son invención de particulares.

Eso es obra de mentes calenturientas y no de cristianos bien formados, pues si bien es cierto que la oración siempre será grata al Señor, nadie está obligado a rezar bajo presión.

Es lógico que personas timoratas, pensando que son ciertas las amenazas que suele haber en tales "cadenas", se decidan a cumplir lo que se les pide, con lo que las mismas siguen adelante.

Pero eso de amenazar a los que desobedezcan o de prometer premios materiales a quienes las sigan es algo contrario al Evangelio de Jesús.

Creo que los que andan detrás de esas cosas, en el mejor de los casos, son gente equivocada y, por lo mismo, no hay que hacerles el más mínimo caso. Si alguno tiene miedo a romper estas "cadenas" cuando las reciba, puede enviármelas a mí, que con mucho gusto las destruiré. Sólo así podemos evitar que se propague un error de esa naturaleza.

El cristiano no tiene que temer a nada, ni sentir que le va a pasar algo por dejar de cumplir lo que a alguien se le ocurra pedirle imprudentemente. Nuestro Dios es un Dios de amor y no de temor.

San Juan dice que el Amor vence al temor (1ª Juan 4,18). Y esos pobres seres que se dedican a escribir y enviar "cadenas" o dejarlas en las iglesias, viven llenos de temor o gozan atemori-zando a otros, lo que es un signo claro de debilidad mental.

Cristo nos insiste en la necesidad de orar, pero con nuestro corazón lleno de amor. No necesitamos para nada de esas "cadenas". Por el contrario, debemos liberarnos de todas ellas, pues con "cadenas" así sólo seguimos esclavizados por el temor, lo que no es conforme con el espíritu del Evangelio.

Cristo rompe las cadenas, éstas también, que si no son del diablo, son propias de un manicomio.

... NO SE PUEDE COMULGAR SI SE ESTÁ CASADO PERO NO POR LA IGLESIA?

El católico es la persona que vive su vida de acuerdo a las enseñanzas y mandamientos de Cristo tal y como las recibe de la Iglesia Católica.

Desde el principio los cristianos contaban con el obispo y la comunidad a la hora de contraer matrimonio, como lo señala san Ignacio de Antioquía en una de sus cartas, escritas en el siglo II.

Desde entonces, "casarse por la Iglesia" ha sido un distintivo de todo el que quiera vivir cristianamente su vida matrimonial.

¿Esto por qué?

Pues porque la Iglesia considera que el matrimonio, de simple contrato entre dos personas que era considerado desde muy antiguo, pasó a ser, para los seguidores de Jesús, uno de los siete sacramentos que El nos dejó.

Nacemos a la gracia de Dios por el bautismo y crecemos en ella por la fuerza del Espíritu Santo en la confirmación. Somos alimentados por la Eucaristía y perdonados por la Penitencia. Cuando caemos seriamente enfermos contamos con la Santa Unción y el Matrimonio santifica a quienes se aman y deciden compartir su vida, al igual que aquellos que han sido elegidos para el oficio de obispos, presbíteros o sacerdotes y diáconos lo son por el sacramento del Orden Sagrado.

Es decir, que el católico, desde su niñez hasta su muerte, vive inmerso en la vida sacramental de la Iglesia.

Esto significa que si un católico no vive su vida matrimonial santificada por el sacramento, se ha colocado en una situación irregular que le impide recibir los otros sacramen-tos.

No es un simple capricho, sino algo fundamental que tiene que ver con las convicciones propias de un católico.

Si la persona no puede casarse porque ya lo estuvo anteriormente por la Iglesia, siempre tendrá el recurso de presentar su caso ante la misma para que sea revisado. Esto es lo que se llama una "petición de declaración de nulidad", que es un proceso que se lleva a cabo en un tribunal dedicado a estos fines.

Si lo que ocurre es que por cualquier razón el matrimonio se realizó sólo civilmente, pero no hay ningún impedimento para el mismo, siempre podrá éste ser convalidado en la Iglesia.

Pero mientras se mantenga la situación irregular seguirá pesando la prohibición de recibir los sacramentos, lo que en modo alguno impide que la persona pueda asistir a la Misa y rezar con sus hermanos en la fe.

En el caso de que una persona esté separada de su cónyuge o divorciada del mismo, pero no se haya vuelto a casar o a juntar con nadie, puede recibir los sacramentos.

... EN UN PRINCIPIO NO SE USARON VESTIMENTAS ESPECIALES EN LA MISA?

Podemos estar seguros de que, en un principio, los apóstoles y primeros obispos, presbíteros y diáconos no usaban ningún tipo de distintivo mientras presidían o actuaban en las celebraciones litúrgicas, así como Jesús no usó ninguna vestidura especial durante la Última Cena.

Esta práctica duró unos seis siglos, lo que contrasta con la práctica generalizada tanto en el Antiguo Testamento como en otras religiones.

Los ministros cristianos se vestían, sencillamente, igual que todos, destinando, quizás, sus mejores ropas, para los momentos en que debían presidir o actuar en las ceremonias litúrgicas. Esa sería la única diferencia, si es que la había.

Pero llegó un momento, ya a la caída del Imperio Romano, en que se fueron introduciendo otras modas en el traje civil, sobre todo derivadas de la ropa usada por los bárbaros que lograron conquistar gran parte del antiguo Imperio.

Fue entonces cuando la Iglesia dictó prescripciones para que estas nuevas modas no se introdujeran entre los clérigos, que debían conservar, al menos durante sus funciones en el culto, las antiguas vestiduras.

Esto se debió, posiblemente, a que las nuevas prendas eran mucho más cortas, dejando las piernas sin cubrir, lo que no podía considerarse propio para el culto sagrado.

Así, las antiguas vestiduras, que antes eran usadas por todos, se quedaron para uso exclusivo en la liturgia, siendo consideradas, desde entonces, como "ornamentos sagrados".

También estas prendas, con el tiempo, iban a sufrir diversos cambios, pues se las enriquecería con dibujos, bordados y otros aditamentos, que en algunos casos las harían sumamente pesadas y calurosas.

Por otro lado, poco a poco se fue determinando quiénes debían llevar cada uno de los ornamentos, diferenciándose aquellos usados por los obispos, sobre todo en las ceremonias pontificales solemnes, de los que eran para los sacerdotes, los diáconos, los subdiáconos o los acólitos.

... YA NO ES OBLIGATORIO EL USO DE LAS CAMPANILLAS EN LA MISA?

En realidad el uso de las campanillas es ahora algo opcional. No es que no se usen, sino que eso depende de cada iglesia y de los propios sacerdotes que la rigen. No existe propia-mente una obligación de usarlas.

Son muchas las iglesias donde todavía se usan las campanillas, aunque su importancia y hasta necesidad se aminoraron bastante después de que el Concilio Vaticano II decretó las reformas de la Liturgia.

Durante el tiempo en que la Misa se celebraba de espaldas al pueblo y en latín, muchos fieles andaban medio perdidos, o perdidos del todo, durante la celebración, y era necesario marcar los momentos principales por medio de las campanillas, para así llamar la atención de los presentes.

Estas solían tocarse al momento del "Santo, Santo, Santo", señalando el comienzo de la oración eucarística o "canon", en el que todos debían arrodillarse. Luego durante la consagración y más tarde al final de la oración eucarística, durante la doxología antes del Padre Nuestro. También para avisar el momento de la comunión.

Como vemos, el uso de las campanillas no tiene en la actualidad mayor sentido, como no sea para realzar ciertos momentos de la celebración. Por eso se ha dejado a la opción de los párrocos y sacerdotes, que son los que determinan su uso en cada iglesia a su cargo.

... EN LOS PRIMEROS SIGLOS LOS CRISTIANOS NO SE CONFESABAN COMO AHORA?

En la práctica del sacramento de la Penitencia ha habido ciertos cambios a lo largo de los siglos.

La forma más primitiva fue la penitencia comunitaria, en que los pecados se confesaban de una manera general y pública.

Pronto apareció, sin embargo, una fórmula especial para los que habían cometido delitos graves, como el homicidio, el adulterio y, algo más tarde, el robo. Estos penitentes tenían que confesar sus pecados privadamente al obispo, quien les imponía unas penas severas que debían cumplir, ordinariamente, durante la Cuaresma.

La necesidad de una penitencia más privada se fue desarrollando a medida que creció en la Iglesia la conciencia de que todos somos pecadores. También que el sacramento penitencial no es sólo para los que han cometido graves delitos sino igualmente para los que han caído en faltas leves, ya que siempre es un vehículo de la gracia divina.

Así, de la penitencia pública se fue pasando, poco a poco, a la recepción privada del sacramento, lo que supuso un adelanto, aunque se llegara a cierta exageración, como era la de confesarse, en algunos lugares y tiempos, todas las semanas. En el Concilio Vaticano II se resaltaron los valores comunitarios de la Penitencia, lográndose un equilibrio entre lo estrictamente individual y privado y la expresión colectiva del arrepentimiento.

... SEGUIR LA MISA POR TELEVISIÓN NO VALE PARA CUMPLIR EL PRECEPTO?

La Misa es, por encima de todo, una reunión, la Asamblea del Pueblo de Dios, que es convocada para ofrecer al Padre, con y a través de Cristo, el sacrificio de la Nueva Alianza.

Esto significa que no se trata de algo para ver y oír, sino para participar activamente.

Sabemos, sin embargo, que muchas personas están impedidas de asistir, sea de manera temporal o permanente, lo que les exime de toda responsabilidad. Nadie está obligado a lo que no puede.

Con la Misa por televisión o por radio lo que se quiere es brindar un servicio a todos esos cristianos que, sin poder participar directamente, han perdido sin culpa el contacto con la Liturgia y no se están nutriendo debidamente con la Palabra de Dios que en ella se lee y se predica.

Es decir, que la Misa por televisión no es para que los impedidos cumplan un precepto, ya que en realidad no tienen obligación de hacerlo, sino para que, pese a todo, sigan el desarrollo de la vida litúrgica de la Iglesia y, aunque imperfectamente, se nutran de ella lo mejor posible.

... NO SE PUEDEN CAMBIAR LOS PADRINOS, AUNQUE HAYAN DEJADO DE SER CATÓLICOS?

Cuando los padres deciden bautizar a su hijo deben elegir un padrino, una madrina o los dos a la vez, no más.

Esto se hace para tener mayor seguridad de que habrá personas que se ocupen de guiar a los nuevos bautizados en los caminos del Señor.

Lamentablemente muchos padrinos no han cumplido con lo que de ellos se espera. Y eso se debe, en la mayoría de los casos, a que no fueron bien escogidos, pues la Iglesia pide que sean católicos de verdad, de los que cumplen con sus obligaciones como tales.

Siendo esto así, sería difícil pensar que si hay un padrino y una madrina, los dos dejen de ser buenos católicos al mismo tiempo, lo que supone que siempre habrá uno que se ocupe de cumplir sus obligaciones para con el ahijado.

No existe ninguna disposición canónica que permita el cambio de padrinos. Lo más es que, si los padrinos de bautismo han fallado, se escoja luego uno para la confirmación que pueda suplir la falta de los otros.

Lo triste es pensar que no se trata de excepciones. Los archivos parroquiales están llenos de partidas bautismales donde apare-cen padrinos que nunca reunieron los requisitos mínimos para serlo.

Los padres deben ser muy cuidadosos a la hora de escoger los padrinos. Que nunca sea por su condición social o económica, sino por ser verdaderos ejemplos de cristianos para el que va a ser bautizado.

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Página fue modificada: 30/08/2008 12:19

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