AB PADRE BAZAN

Quién Es Quién En El Nuevo Testamento

A

AGABO

En el libro de los Hechos se dice de él que era uno de los profetas que bajaron de Jerusalén a Antioquía (11, 27-30). En medio de la asam-blea allí reunida Agabo profetizó que habría una gran hambre en todo el mundo, por lo que los dis-cípulos acordaron enviar ayuda a sus hermanos en Judea, que esta-ban pasando apuros económicos. El libro señala que la profecía se cumplió en tiempos del emperador Claudio.

Al parecer fue este mismo Agabo el que aparece de nuevo en el libro de los Hechos (21, 10-12). Pablo se encontraba en Cesarea, camino de Jerusalén, hospedado en casa del diácono Felipe. Hasta allí llega Agabo, procedente de Judea, y le dice a Pablo, en nombre del Espíritu Santo, que en Jerusalén será apresado y entregado a los paganos. A pesar de todo Pablo siguió su viaje y, efectivamente, en Jerusalén se cumplió lo anunciado por el profeta.

ALEJANDRO Y RUFO

Los hijos de aquel Simón de Cirene (Marcos 15,21) a quien los soldados romanos obligaron a ayudar a Jesús a cargar el pesado madero transversal - que era el que cargaba el condenado - con el que se completaría la cruz en la que el Salvador sería crucificado. Proba-blemente el Rufo mencionado por Pablo en Romanos 16,13 es el mismo que aquí se consigna, que vivía entonces en la capital del Imperio, y cuya madre era también una cristiana tenida en mucha estima por el apóstol.

ALFEO

Era el padre de Santiago el Menor (ver Mateo 10,3; Marcos 3,18; Lucas 6,15 y Hechos 1,13). Era el esposo de una Maria que aparece como parienta o hermana de la Madre de Jesús (Juan 19,25). La forma hebrea de su nombre se traduciría por Cleofás.

ALFEO

El padre de Mateo, el apóstol (ver Marcos 2,14).

ANANÍAS

Este nombre era bastante común entre los judíos. En el libro de los Hechos aparecen tres Ananías:

5,1-11: Siguiendo las instrucciones evangélicas, los discípulos de Jerusalén compartían todo lo que tenían, pues lo poseían todo en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía (4,32).

Claro que no era una obligación entregarlo todo, como se explica claramente en este pasaje. Este Ananías vendió una propiedad y, de común acuerdo con su mujer Safira, no dijo que había retenido parte del dinero recibido. Pedro lo recriminó, no por haberse quedado con parte del dinero, sino por haber mentido al Espíritu Santo. Ambos, por separado, cayeron muertos a los pies de Pedro. Resulta difícil aceptar que fuese un castigo. Pudo ser que al verse descubiertos, la vergüenza y el pesar de lo hecho les provocara un ataque fulminante al corazón.

9,10-18: En el relato de la conversión de Pablo aparece otro Ananías. Se ve que éste era un discípulo valioso en la comunidad de Damasco, pues en una visión Dios lo llamó para que auxiliase a Pablo. Luego de administrarle el BautIsmo, le impuso las manos, recibiendo el nuevo cristiano los dones del Espíritu Santo, quedando, además, sano de su ceguera. Así comenzó a prepararse para la misión que el Señor le tenía reservada. De él dirá Pablo: Un cierto Ananías, hombre devoto al modo de la Ley, reco-mendado por todos los judíos de la ciudad, vino a verme... (Hechos 22,12-13).

Hechos 23,2: En una visita que hizo Pablo a Jerusalén los judíos se complotaron contra él y tuvo que intervenir el comandante de la guarnición romana. Para aclarar la razón por la que vociferaban contra él y de qué lo acusaban, mandó que se reuniera el Consejo. El sumo sacerdote en ese momento era un tal Ananías, que al comenzar Pablo a hablar en su defensa, mandó a un esbirro que le golpease en la boca. Pablo, sin saber aún que se trataba del sumo sacerdote, le replicó: Dios te golpeará a ti, muro blanqueado; estás ahí sentado para juzgarme conforme a la Ley y ¿violas la Ley mandando que me peguen? (23,3).

La respuesta algo violenta de Pablo causa cierta extrañeza, así como el no reconocer al Sumo Sacerdote, al menos por sus vestimentas y el hecho de que presidía el tribunal. Algunos piensan que se trató de una ironía del apóstol. De todos modos su profecía se cumplió, pues, de acuerdo a Flavio Josefo (Bellum Judaicum 2,17,9) murió asesinado en el año 66. A él se refiere Josefo como codicioso y violento en su obra Antiquitates Judaicae (20,5,5; 20,8,9,-20,9,2).

Ananías también participó del juicio que ante el gobernador Félix se hizo en Cesarea varios días después (24,1), ya que allá fue enviado Pablo por el comandante desde Jerusalén, para evitar que fuese asesinado (23,23-24).

ANÁS

Había sido nombrado Sumo Sacerdote por el gobernador Quirino, en el año 7 pero en el 15 d.C. fue depuesto por Valerio Graco. Luego le sucedieron, con un breve intervalo entre ellos, Ismael, su hijo Eleazar o Alejandro, Simón y Caifás, que era su yerno. A pesar de haber sido depuesto Anás conservó durante una gran influencia, tanto que cinco de sus hijos llegaron a ser Sumos Pontífices. Aparte del nombrado Eleazar, lo fueron también Jonatán, Teófilo, Matías y Anás II.

Era Anás, pues, uno de los personajes más influyentes entre las autoridades judías, a pesar de no contar con la simpatía de Roma, que era quien nombraba a los Sumos Pontífices, en contra de la ley judía. Es mencionado en los evangelios como un igual de Caifás, jugando un papel importante y decisivo en el juicio contra Jesús y su condena a muerte. Juan (18,13) nos dice que, después de su arresto, Jesús fue llevado a casa de Anás.

Lucas vuelve a llamar a Anás Sumo Sacerdote en el libro de los Hechos, nombrándolo junto a Caifás y otros que, junto con los miembros del Sanedrín o Senado judío, interrogarían a Pedro y Juan (4,5-7).

De todos modos parece ser que entre los mismos judíos no era Anás muy apreciado, pues el Talmud se refiere a la "casa de Anás" como lugar de líderes corruptos que con su presencia profanaban el Templo.

ANDRÉS, SAN

Uno de los doce apóstoles de Jesús. Según Juan era de Bet-saida (1,44) y hermano de Simón (Mateo 4,18).

Antes de seguir a Jesús había sido discípulo de Juan el Bautista, pero al descubrir que Jesús era el Cordero de Dios señalado por el profeta, decidió hacerse discípulo de aquél (Juan 1,40).

De acuerdo a Juan, Andrés aparece como el primer discípulo que tuvo Jesús. El fue quien habló a Simón, su hermano, acerca de su nuevo Maestro. Asi comenzaron ambos a andar con Jesús de un lado para el otro.

Mateo narra el llamamiento de los hermanos de otra manera, pues ignora lo dicho por Juan y pone a los dos juntos al momento de ser llamados por Jesús (4,18-20). Lo mismo hace Marcos (1,16).

Aunque Andrés no se distinguió tanto como Pedro, es uno de los que aparecen entre los principales discípulos, como lo comprueba el hecho de que estuviese presente en algunos momentos importantes.

Es mencionado por su nombre cuando la curación de la suegra de Pedro (Marcos 1,16). También en una entrevista privada con Jesús en el monte de los olivos que tuvieron cuatro de los apóstoles, entre ellos Andrés (Marcos 13,3-4).

Juan lo menciona en la multiplicación de los panes y peces (6,8), y cuando unos griegos pidieron ver a Jesús (12,22).

Marcos dice que vivía en la misma casa que su hermano Simón (1,29-31). Aparece entre los doce en las listas que ofrecen Mateo (10,2-4), Marcos (3,16-19) y Lucas (6,13-16).

La última mención que se hace de él en el N.T. es en Hechos 1,13, donde se dice que después de la ascensión de Jesús los once, citados por sus nombres, fueron a "la estancia superior" donde vivían.

APOLO

Nombre de un judío, poseedor de gran elocuencia, que se presentó en Efeso. Era originario de Alejandría. Sólo había conocido el bautismo de Juan. Según Hechos 18,24-28, estaba algo instruido en la doc-trina cristiana, pero fueron los discípulos Áquila y Priscila los que lo instruyeron. Rápidamente asimiló lo enseñado y, con el apoyo de los de Efeso, pasó a Corinto, con gran éxito apostólico.

Como Pablo no tenía la misma elocuencia, parece que algunos se jactaban de ser de los de Apolo, lo que el Apóstol les echa en cara en su Primera Carta (1,12; 3,4-6), haciéndoles ver que tanto él como Apolo eran simples servidores de Aquel a quien en verdad habían de seguir. No hay otro lugar del Nuevo Testamento en que se mencione a este discípulo tan valioso.

APÓSTOLES

Se llama así a los doce hombres que Jesús llamó para que fuesen sus más cercanos seguidores. Después se usó la palabra para otros, como Pablo y Bernabé, por su gran labor misionera. A los demás seguidores se les llamó discípulos.

En el Nuevo Testamento aparecen cuatro listas que mencionan a los apóstoles, sin que haya diferen-cias, como no sea en los diversos nombres que se utilizan para las mismas personas. Las listas aparecen en Mateo 10,2-4; Marcos 3,16-19; Lucas, 14-16 y Hechos 1,13. En esta última, lógicamente, no aparece Judas Iscariote. Los nombres de los otros once son: Simón, llamado Pedro, su hermano Andrés; Santiago y Juan, hijos de Zebedeo; Felipe, Bartolomé, To-más, Mateo, Santiago Alfeo, Judas Tadeo y Simón.

En el libro de los Hechos se narra que Pedro, refiriéndose a la traición y muerte de Judas, dijo que hace falta que uno que haya sido testigo de su resurrección se asocie a nosotros; uno de los que acom-pañaron mientras vivía con noso-tros el Señor Jesús desde los tiem-pos en que Juan bautizaba hasta el día en que se lo llevaron al cielo (1,21-22). Así propusieron a dos, y después de orar, echaron suertes, cayendo la elección en Matías, quien fue agregado al colegio apostólico.

ÁQUILA Y PRISCILA

El nombre Áquila significa águila. Era fabricante de tiendas de campaña, muy usadas en aquellos tiempos. Pablo lo encontró en la primera visita que hizo a Corinto (Hechos 18,2). Había nacido en Ponto. Su esposa se llamaba Priscila.

En el año 50 d.C. el emperador Claudio había deportado a todos los judíos que vivían en Roma, y como ellos residían en dicha ciudad, tuvieron que emigrar y fueron a vivir a Corinto.

Como la profesión de Pablo era hacer tiendas, pronto se entendió con aquella pareja, de la que se supone era ya cristiana cuando fueron a Corinto, pues no se habla de su conversión. Fueron ellos los que acompañaron a Pablo cuando, después de año y medio, habiendo enfrentado muchas dificultades con los judíos que no aceptaban a Jesús como Mesías, tuvo que irse a Efeso. Allí permanecieron Áquila y su mujer, mientras Pablo pasó a Siria y a otros lugares (Hechos 18,18-26). Fue en este tiempo que llegó a Efeso Apolo y los dos esposos lo catequizaron.

En tres de sus cartas Pablo menciona a Priscila como Prisca, pero siempre unida al de Áquila, como en Romanos 16,3, 1ª Corin-tios 16,19 y 2ª Timoteo 4,19, por lo que no hay dudas de que se trata de la misma persona.

ARISTARCO

Aparece en tres citas del libro de los Hechos, una en Colosenses y otra en la carta a Filemón.

Era un discípulo de Pablo, a quien acompañó junto a otro llamado Gayo en su viaje a Efeso. Ambos eran macedonios. En Efeso se produjo un altercado con los adora-dores de Artemisa, especialmente los plateros que ganaban mucho dinero fabricando imágenes de la diosa. Aristarco y Gayo fueron me-tidos a la fuerza en el teatro, pu-diendo correr cierto peligro, pero la buena actuación del magistrado, evitó que ocurrieran males ma-yores. De todos modos, esto obligó a que Pablo abandonara Efeso y se dirigiera a Macedonia. Más ade-lante se vuelve a mencionar a los dos discípulos, junto a otros, acom-pañando a Pablo por Macedonia.

Mucho más tarde, cuando estaba Pablo a punto de marchar preso a Roma, debido a su apelación al César, por causa de las acu-saciones que hicieron contra él las autoridades judías de Jerusalén, acompañado de Lucas, éste dice que junto a ellos estaba también Aristarco (Hechos 27,1-6).

En Colosenses 4,10 Pablo menciona a Aristarco como compañero de cautiverio, lo que indica que, efectivamente, lo había acompa-ñado a Roma y había permanecido allí con él, pues fue desde Roma que escribe a los fieles de Colosas.

En la carta de Pablo a Filemón vuelve a mencionar a Aristarco (1,24) como colaborador suyo, junto a otros que como él se encon-traban en Roma acompañando al apóstol en su cautiverio.

ARQUELAO

Era hijo de Herodes el Grande y una mujer samaritana de nombre Maltace. Su padre lo envió a Roma junto a su hermano Antipas, para que allí se educase cerca del César. Cuando Herodes murió Arquelao recibió la tercera parte del reino, es decir que le tocaron Idumea, Judea y Samaria. En Ma-teo 2,22 se dice que "reinaba", pero su título era realmente de tetrarca. Debió tener fama de cruel, como su padre, pues cuando José recibió aviso de volver a Israel desde el exilio en Egipto, temieron ir nuevamente a Belén en Judea, y se dirigieron a Nazaret, en Galilea, fuera de los dominios de aquél.

AUGUSTO CÉSAR

Fue el primer emperador romano, después de varios siglos de república. Tuvo primero que combatir con su rival Marco Antonio, al que derrotó. Así logró el poder, que llegó a ser total, consiguiendo una paz nunca antes conocida, tanto que se le llamó la paz augustana.

Fue durante este período que nació Jesús. Lucas menciona al empe-rador en 2,1 cuando habla de un edicto del mismo que mandaba a todos los judíos a empadronarse. Esta es la única mención de Augusto en todo el N.T.

B

BAUTISTA

Esta palabra es usada en toda la Biblia únicamente para referirse a Juan, el precursor de Jesús. Sólo la usan los evangelistas sinópticos, no así Juan, que se refiere a él sólo por su nombre.

Lógicamente este nombre le vino de su actividad en el río Jordán, donde bautizaba. Esto lo destacan los cuatro evangelistas, haciendo notar la gran multitud de personas que acudían a él para ser bauti-zadas. Incluso Jesús inauguró su ministerio público rogando a Juan que lo bautizara (Mateo 3,13-17). Mateo y Lucas presentan a Jesús llamando Bautista a Juan (Mt. 11,11-12; Lc. 7,33).

BARRABÁS

Parece ser que logró alguna fama por sus fechorías, aunque algunos consideran que pertenecía al grupo de los zelotas, que eran patriotas judíos que luchaban en contra de la opresión romana. Esto no es men-cionado por ningún evangelista. Marcos y Lucas hacen mención de que había participado en una rebe-lión habida en la ciudad y de que había cometido homicidio (Mc.15,7; Lc.23,19). Lo que sabe-mos es que estaba preso cuando aprehenden y juzgan a Jesús. Pilato, que no encontraba nada condenable en Jesús, quiso usar la mala fama de Barrabás para tratar de salvarlo, proponiendo que, con motivo de la fiesta de Pascua, en la que siempre se soltaba a un preso, escogieran entre Jesús y Bar-rabás. Mateo subraya que los dirigentes judíos convencieron al pueblo de que pidiese la libertad de Barrabás (27,20).

BERNABÉ, SAN

Pertenecía a la primitiva comu-nidad cristiana de Jerusalén. Había nacido en Chipre, de padres judíos de la tribu de Leví. Muy joven emigró a la Ciudad Santa donde posiblemente fue discípulo de Gamaliel junto a Saulo. Cuando éste regresó a Jerusalén después de su conversión, fue Bernabé quien lo presentó a los apóstoles.

Más tarde Bernabé fue enviado a Antioquía, y al ver el gran trabajo que había por hacer, se fue a Tarso en busca de Pablo, y juntos trabajaron en Antioquía por todo un año. Ambos fueron a Jerusalén a llevar lo recolectado para los pobres de esa comunidad, que estaban muy necesitados. De regreso a Antioquía fueron elegidos para ir de misioneros al mundo pagano. Juntos visitaron Chipre y algunas de las ciudades más importantes del Asia Menor, fundando comunidades cristianas en casi todas ellas. Al regreso fueron enviados a Jerusalén para consultar con los apóstoles sobre el trato que había que dar a los gentiles por parte de la Iglesia, participando del Concilio de Jerusalén en que se dieron normas sobre la materia. Más tarde los dos apóstoles se separaron y Pablo realizó su segundo viaje apostólico en compañía de Silas, mientras Bernabé continuó misionando junto a su sobrino Juan Marcos. El libro de los Hechos no vuelve a mencionarlo. Un libro apócrifo, "Hechos de Bernabé", narra sus viajes misionales y su muerte como mártir ocurrida en Chipre. El autor es desconocido.

BARTOLOMÉ, SAN

Hijo de Tolmai, fue uno de los doce apóstoles (Mateo 10,3).

Era llamado también Natanael, pero sólo por Juan, quien al nombrarlo sólo usó este otro nombre. Fue de los discípulos a quienes el Señor se apareció en el mar de Tiberíades después de la resurrección (Juan 21,2). También estuvo presente en la Ascensión (Hechos 1,4,12,13). Se habla de que predicó en la India, donde dejaría una copia en hebreo del evangelio de Mateo. Se cree que lo despellejaron vivo en Albanópolis, Armenia, a consecuencia de lo cual murió.

BARTIMEO

El nombre significa hijo de Timeo. La escena en que se narra la curación de uno o dos ciegos en Jericó, es descrita en forma diferente en Mateo, Marcos y Lucas. Mientras el primero (20,29-34) habla de dos ciegos, Marcos (10,46-52) y Lucas (18,35-43) hablan de uno solo, y es Marcos quien nos da su nombre: Bartimeo. Es curioso que mientras Mateo y Marcos dicen que el encuentro de Jesús con el ciego fue al salir de Jericó, Lucas lo pone cuando se acercaba a esa población. Con todo los exégetas concuerdan en que se trata de una misma escena y las divergencias no tienen importancia.

BERENICE

Esta Berenice aparece en el libro de los Hechos 25,13-23 y 26,30. Era la hija mayor de Herodes Agripa I. Estaba casada en segundas nupcias con otro Herodes, que era rey de Calcis, y que era tío suyo. Tras la muerte de éste, parece ser que vivió incestuosamente con su hermano Agripa II. Después de la destruc-ción de Jerusalén en el 72 d.C., ambos se pasaron al bando de los vencedores, terminando sus días en Roma.

C

CAIFÁS

Era el Sumo Sacerdote entre los años 25-36 d.C., por lo que estaba en el cargo durante el ministerio público de Jesús.

Lo vemos actuar como tal durante todo el proceso que culminó con la crucifixión del Señor (Mateo 26,3,57; Juan 11,49, 18,13.14).

Era yerno de Anás, quien había sido Sumo Pontífice anteriormente y ejercía una gran influencia sobre él. Pertenecía al grupo de los saduceos (Hechos 5,17), como casi toda la casta sacerdotal.

Juan (11,50-52) nos dice que fue él quien, proféticamente, precisamen-te por ser el Sumo Pontífice, había afirmado ante el Consejo o Sanedrín, que Jesús debía morir por el bien de la nación y para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Luego de la resurrección de Jesús continuó hostigando a sus discípu-los (Hechos 4,5-6).

La personalidad de Caifás aparenta ser débil, pues a veces los evange-listas presentan a Anás como el Sumo Pontífice (Hechos 4,6).

CEFAS

Era un nombre arameo (kipha) dado por Cristo a Simón (Juan 1,42) y que significa piedra. Los griegos lo tradujeron por Petros y los latinos por Petrus, de ahí el español Pedro.

CELOTAS O ZELOTAS

Un grupo fanático judío que comenzó con un tal Judas el Galileo (Hechos 5,37). Pro-pugnaban por la independencia del yugo de los romanos por medios violentos. Aunque despertaban cierta admiración entre el pueblo por su bravura, ya que los judíos, en su absoluta mayoría deseaban la liberación, no pudieron enfren-tarse eficazmente a la poderosa maquinaria militar del Imperio. Fueron llamados también sicarios, pues solían usar un especie de puñal o daga que en latín se llamaba sica.

CLAUDIA

Una cristiana que menciona Pablo en su 2ª Carta a Timoteo (4,21). Se cree que era de Britania, hija de un rey aliado de Roma, por lo que adoptó el nombre del emperador Claudio. Era la esposa de un tal Pudens.

CLAUDIO

Después del magnicidio del emperador Calígula (21 de enero del 41 d.C) por la propia guardia imperial, decidida a salir de ese monstruo egoísta y cruel, las tropas aclamaron a Claudio como emperador.

Este hombre contrahecho y tartamudo, siempre se había mantenido a la sombra, casi como la vergüenza de la familia imperial.

No le faltaba inteligencia, sin embargo. Aficionado a la Historia, escribió varios libros sobre distintos temas que parecen haber tenido cierto valor.

Usó de su inteligencia para mantenerse en el poder, pero recurriendo a veces al crimen y la represión. Al final él también murió asesinado, envenenado por su última esposa, que era además su sobrina, Agripina, el 13 de julio del 54 D.C.

Claudio persiguió a judíos y cristianos. Su nombre aparece casi en forma indirecta en Hechos 11,28, cuando un profeta llamado Agabo anunció en Antioquía que vendría una gran carestía sobre toda la tierra, y el libro señala: fue la que se produjo en tiempos de Claudio.

Más indirectamente aún es mencionado en Hechos 17,7. Estando Pablo y Silas en Tesalónica, viendo algunos judíos el éxito que iban teniendo estos apóstoles, llenos de envidia complotaron contra ellos. Una de sus acusaciones fue: ¡Todos estos (los cristianos) actúan contra los decretos del emperador, diciendo que hay otro rey, Jesús! En ese tiempo era Claudio el emperador romano.

Por último, y otra vez por su nombre, es citado en Hechos 18,2. Allí se narra el encuentro que tuvo Pablo al llegar a Corinto con un judío llamado Aquila, originario del Ponto, el cual acababa de llegar de Italia con su mujer Priscila, a raíz del decreto por el que Claudio había expulsado de Roma a todos los judíos. Para los cristianos el nombre de Claudio es de triste recordacion.

CRISTO

Esta palabra es la traducción de la hebrea por Mesías, que significa el ungido. De modo que agregada al nombre Jesús significa Jesús el Ungido de Dios. Hoy la usamos tanto separada como en unión con Jesús y así decimos Jesucristo. Más propio sería decir Jesús el Cristo, lo que significaría que El es el Ungido de Dios, anunciado por los profetas, el único Salvador que Dios envió por amor nuestro.

CORNELIO

Era un centurión o capitán romano, cuya historia tenemos en el capítulo 10 del libro de los Hechos. Era un creyente, aunque no sabemos si había dado los pasos para su conversión al judaísmo. Pero sabemos que oraba y hacia muchas obras de beneficencia. Estaba residiendo en Cesarea y en una visión se le mandó enviar por Pedro, que estaba en la cercana ciudad de Jafa. Pedro, por su parte, había tenido otra visión, que logró comprender sólo cuando los enviados de Cornelio le explicaron el motivo de su visita. Pedro aceptó acompañarlos y ya en casa de Cornelio evangelizó a todos los presentes. Todos se bautizaron. No sabemos lo que luego ocurrió con Cornelio y su nueva vida de cristiano.

D

DEMAS, o DIMAS

Era colaborador de Pablo mientras el apóstol estuvo preso en Roma (Filemon 1,24; Colosenses 4,14). En 2a. Timoteo, sin embargo, Pablo se queja de que Dimas lo ha abandonado por estar enamorado de este mundo presente. No sabemos qué pasó después con él.

DEMETRIO

Era un platero de Efeso, que se dedicaba a hacer reproducciones de la diosa Diana o Artemisa y de su templo. Esto les producía, tanto a él como a los que trabajaban en el ramo, magníficas ganancias. Estas, sin embargo, se estaban viendo amenazadas por las conversiones que Pablo estaba logrando en Efeso. Demetrio, por tanto, arengó a sus colegas, armándose un gran tumulto que pudo llegar a ser un motín de grandes proporciones. La sereni-dad y prudencia con que actuaron las autoridades fue lo que evitó que eso pasara. (Hechos 19,21-41).

DEMETRIO

En la tercera Carta de Juan, 1,12, aparece este Demetrio, que según el apóstol era una persona muy apreciada y digna de recomenda-ción.

DÍDIMO

(Véase Tomás)

DIMAS, EL BUEN LADRÓN

Su nombre no lo sabemos por las Escrituras. Una tradición piadosa nos lo ha transmitido, sin que tengamos manera de confirmarlo. El llamarle ladrón es posiblemente un error, pues no solían los romanos castigar con la crucifixión sino a los que se rebelaban contra su dominio, para dar escarmiento.

DORCAS

(Véase Tabita)

E

EPAFRAS

San Pablo lo llama querido compañero y fiel ministro de Cristo (Colosenses 1,7; 4,12). Parece evidente que acompañaba al após-tol cuando éste escribió su carta a los Colosenses. También se le menciona en la carta a Filemón como compañero de prisión: (1,23).

EPAFRODITO

Era miembro de la comunidad de Filipos y fue enviado por ésta a Roma para llevar una ayuda necesaria al apóstol Pablo durante su prisión en Roma. Pablo lo llama (Filipenses 2,25), su colaborador y compañero de armas y también mi hermano. Por lo visto sufrió en Roma de una grave enfermedad de la que estuvo a punto de morir. A su regreso a Filipos fue portador de la carta por la que sabemos de él (Ver también Filipenses 4,18).

EPÉNETO

Era un cristiano que vivía en Roma y a quien Pablo envía saludos en su carta a los Romanos (16,5), destacando que era el primer convertido de Asia Menor al cristia-nismo.

ESENIOS

El caso de los esenios es bien singular, pues en ningún momento aparecen mencionados en ninguno de los libros del Nuevo Testa-mento. Sin embargo, por otros documentos, y en especial por los que se descubrieron en Qumran, cerca del Mar Muerto, se ha podido saber de la existencia de esta comunidad de hombres que vivían ejercitándose en la penitencia y en la oración, como creyentes sin-ceros que esperaban la salvación de Dios. Pudieron llegar a ser en algún momento unos cuatro mil. Estos hombres estaban allí durante la vida de Jesús y no era posible ignorarlos. Sin embargo, nada sabemos de contacto alguno entre Jesús y ellos, así como no se cree que exista influencia alguna de su pensamiento en las doctrinas cristianas.

ESTÉFANA o ESTEBAN

Era miembro de la comunidad de Corinto. Su familia fue bautizada por san Pablo (1a Corintios 1,16; 16,15-17).

ESTEBAN, SAN

Uno de los siete primeros diáconos. Se le considera el protomártir o primer mártir cristiano. En los capítulos 6 y 7 de Hechos se narra cómo fue apresado y condenado a muerte. Su apostolado le procuró muchos enemigos que lo acusaron de proferir blasfemias. Llevado ante el Consejo judío (Sanedrín), Esteban se defendió con elocuencia, exponiendo cómo en Jesús se había cumplido lo que Dios había ido preparando en el Antiguo Testamento. Esto enardeció más los ánimos de los presentes, que lo llevaron a empujones fuera de la ciudad, donde fue apedreado. Saulo, después Pablo, aprobó la ejecución, y aunque no pudo tomar parte en ella pues todavía no tenía edad para ello, parece que cuidó las capas de los que apedrearon a Esteban. Este murió con la serenidad del que está en completa unión con Dios.

EUTICO

Un joven de Tróade que se quedó dormido mientras Pablo hablaba. Estaba sentado en una ventana, en el salón donde la comunidad se encontraba reunida. De pronto se cayó, vencido por el sueño, desde el tercer piso abajo, matándose. Pablo se echó sobre él y lo revivió (Hechos 20,7-12).

F

FARISEOS

Su nombre significa los separados. Fueron quizás sucesores de los llamados "asideos" o "piadosos", que surgieron en tiempos de Antíoco Epifanes, como grupo contrario a la pretensión de este rey de paganizar al pueblo de Israel.

Flavio Josefo, historiador judío, los considera uno de los grupos más influyentes entre los judíos, con una forma estricta de interpretar las Escrituras, a la que muchos de ellos se adherían fielmente.

Josefo los coloca en un término medio entre los saduceos y los esenios. El mismo historiador dice que en el siglo I eran unos seis mil.

En el Evangelio aparecen infinidad de veces, casi siempre en opo-sición a Jesús. Hubo entre ellos algunas excepciones, como Nico-demo, José de Arimatea y, quizás, el Simón que aparece en Lucas 7, 36-38.

El Divino Maestro criticó a los fariseos con frecuencia por su apego a la letra de la Ley y porque, a pesar de ello, actuaban en contrario al espíritu de la misma (ver Mateo 12,39; 16,1-4; 23,3; 14,23-25).

Se unieron a los herodianos y saduceos con el fin de quitar del medio a Jesús, a quien considera-ban un estorbo para su afán de poder y la conservación de sus privilegios. San Pablo, según su propio testimonio, había sido fari-seo (Filipenses 3,5; Hechos 23,6).

FEBE

Era una diaconisa de la iglesia de Cencreas, el puerto de Corinto. Fue ella la que posiblemente llevó a Roma la carta que san Pablo escribió a los cristianos de aquella ciudad, ya que el apóstol la encomienda a dicha comunidad como persona consagrada, haciendo además gran elogio de ella (Ver Romanos 16,1-2).

FELIPE, SAN

Uno de los doce apóstoles. Era nativo de Betsaida, al igual que Andrés y Pedro. Respondió al llamado de Jesús con gran entu-siasmo, tanto que enseguida fue en busca de su amigo Natanael (Bartolomé), para hablarle de Jesús como aquel que había sido anunciado por Moisés y los profetas (Juan 1,45-46). Es proba-ble que ambos fuesen primero discípulos de Juan Bautista.

Aunque aparece en varias ocasio-nes más en los evangelios (Mateo 10,3; Marcos 3,18; Lucas 6,14; Juan 6,5-7; 12,21-22; 14,8-9) y en Hechos 1,13, nada sabemos de su actividad apostólica posterior, al menos en forma comprobada. Existe, sin embargo, un libro apócrifo llamado "Hechos de Feli-pe" que da cuenta de sus trabajos, pero no hay forma de asegurar que todo lo que allí se dice sea verdadero. Parece que murió mártir, condenado a la crucifixión.

FELIPE, DIÁCONO

Aparece en la lista de los siete diáconos ordenados para ocuparse de los pobres en la comunidad helenística de Jerusalén (Hechos 6,1-6).

El libro de los Hechos habla de su actividad apostólica posterior en Samaria (8,5-13), y de cómo fue llevado por el Espíritu al camino de Jerusalén a Gaza (8,26-39) para encontrarse con un ministro de la reina Candaces de Etiopía, que era un prosélito judío. Hablando con él Felipe le anunció a Jesús y luego lo bautizó.

Mucho más tarde aparece por úl-tima vez en Hechos 21,8-9. Allí se dice que regresando Pablo y sus acompañantes de su segundo viaje apostólico, llegaron a Cesarea, donde fuimos a ver a Felipe, el misionero ambulante, uno de aquellos Siete, y nos hospedamos en su casa. El libro agrega que Felipe tenía cuatro hijas solteras que poseían el don de profecía. Nada más sabemos de él.

FÉLIX

Era procurador de Judea, al igual que lo fuera anteriormente Poncio Pilato. Sólo estuvo en el cargo por dos años, siendo sustituido, en el año 60 d.C., por Porcio Festo.

Era un hombre sin escrúpulos, inmoral en su vida. Prueba de ello fue que indujo a una hija de Herodes Agripa llamada Drusila, a que abandonara a su esposo. Así vivió adúlteramente con ella.

Si hablamos de él es porque apare-ce en el libro de los Hechos (24,1-27) como aquel que tuvo a su cargo el caso de Pablo, cuando éste fue acusado por las autorida-des judías, quienes intentaban conseguir su muerte. Precisamente cuando Pablo trataba de conven-cerlo de su inocencia (24,24), pare-ce que también estuvo presente la tal Drusila.

Cuando fue sustituido, sólo por agraciarse con los judíos, aún a sabiendas de que Pablo nada malo había hecho, lo dejó preso (24,27). De un hombre de esa calaña nada mejor podía esperarse.

Después de su regreso a Roma los judíos de Cesarea presentaron cargos contra él ante el emperador Nerón, pero fueron desechados por tener amigos en la corte.

FESTO, PORCIO

Sucedió a Félix como procurador de Judea por el año 60 d.C. Pablo estaba preso en Cesarea (Ver He-chos 25, 1,12). Tres días después de llegar, visitó Jerusalén. Allí las autoridades judías le presentaron su querella contra Pablo. Pocos días después, estando en Cesarea, hizo comparecer a Pablo ante su tribunal, con la presencia de sus acusadores que habían viajado desde Jerusalén. Allí Pablo, viendo el peligro de ser juzgado en Jerusa-lén, apeló al César como ciudada-no romano que era, lo que hubo de aceptar el procurador. Festo man-tuvo su cargo apenas dos años. Parece que murió en Judea.

FILEMÓN

Vivía en Colosas y era hombre conocido y apreciado en la ciudad, aparte de contar con una buena posición económica. (Ver Colosen-ses 4,9 y la Carta a Filemón). Se convirtió por la predicacion de Pablo, ocupando después un lugar destacado en la comunidad cris-tiana. Tenía un esclavo llamado Onésimo que se escapó. Luego éste fue convertido a su vez por Pablo en Roma, y el apóstol lo devuelve a Filemón con una carta que forma parte del Nuevo Testa-mento.

FILETO

Fue acusado por Pablo junto a un tal Himeneo, por andar enseñando que la resurrección ya había tenido lugar, trastornando así la fe de algunos (2ª Timoteo 2, 17-18.

Por lo visto ambos pertenecían a la secta de los gnósticos.

G

GABRIEL, ARCÁNGEL

En el libro de Daniel (8,16), aparece un personaje con este nombre, pero sin especificar que fuese un ángel.

En el evangelio de Lucas se menciona dos veces: la primera sólo dice el ángel del Señor (1,11). En la segunda él mismo se presen-ta como Gabriel (1,19) enviado por Dios como mensajero para anun-ciar a Zacarías la concepción del futuro Juan Bautista.

Seis meses después volverá a aparecer visitando a María (1,26) para anunciarle la concepción virginal de Jesús en ella. La tradi-ción le ha dado la categoría de arcángel, pero en el texto de Lucas sólo se le nombra ángel.

GALIÓN

Procónsul de Grecia en tiempos del emperador Claudio. Estando Pablo en Corinto fue acusado ante Galión por un grupo de judíos, diciendo que inducía a la gente a dar a Dios un culto ilegal (Hechos 18, 12-16). El procónsul no les hizo caso, arguyendo que se trataba de asuntos de la religión judía, por lo que mandó soltar a Pablo, que estaba detenido. Esto confirma la fama que tenía Galión de ser hombre afectuoso y justo. En algunos autores se le ha identificado como hermano mayor del filósofo Séneca.

GAMALIEL

Era hijo del rabino Simeón y nieto del famoso rabino Hillel. Pertenecía al grupo de los fariseos. Presidió el Sanedrín judío bajo tres emperado-res: Tiberio, Calígula y Claudio, y seguramente conoció a Jesús. Los Hechos narran su intervención para pedir a los miembros del Sanedrín que tuvieran moderación con los discípulos de Jesús. Su argumento fue que si lo que ellos hacían era obra de Dios, el Sa-nedrín nada debía hacer. y si no lo era, pues sólo habría que esperar a que el grupo se disolviera sin que la autoridad interviniese. (Ver He-chos 5,34-40).

Gamaliel contó entre sus discí-pulos a quien luego sería el apóstol san Pablo, como este mismo afirma en Hechos 22,3.

H

HERODES AGRIPA

Era nieto de Herodes el Grande e hijo de Aristóbulo y Berenice. Calí-gula, el emperador romano, le fue dando poder poco a poco, hasta que se convirtió en rey de toda la Palestina. Fue él quien desató la primera persecución contra los cristianos, en la que murió Santia-go el Mayor. También mandó pren-der a Pedro, como nos narra He-chos en 12,1-4. En el texto se expresa que el rey tenía las peores intenciones. Aunque Santiago mu-rió acuchillado, Pedro pudo salir milagrosamente de la cárcel, lo que puso furioso a Agripa. Poco después de estos sucesos, mien-tras echaba un discurso, fue herido de muerte, por haber usurpado el honor de Dios, y expiró roído de gusanos (23).

HERODES ANTIPAS

Era hijo de Herodes el Grande y Maltace, una samaritana. A la muerte de su padre pasó a ser tetrarca de Galilea y Perea.

Los evangelistas nos lo presentan como un hombre frívolo y maleable, al que se le atribuían muchos crí-menes (ver Lucas 3,19).

Estaba casado en forma adúltera con la esposa de su medio herma-no Filipo, la tristemente célebre Herodías. Ella fue la que logró, llevada del odio que sentía por Juan el Bautista, que había públicamente condenado su estado de vida y los delitos del tetrarca, la decapitación del profeta.

Durante el juicio que se siguió a Jesús, el gobernador Poncio Pilato, queriendo congraciarse con Anti-pas, se lo envió para que lo juzgase. Pero no logró que el Señor le dirigiera ni una sola palabra, por lo que se mofó de El y lo envió de vuelta a Pilato envuelto en un manto real.

HERODES EL GRANDE

Hijo de Antípater, un idumeo. Su madre era Cypros, mujer árabe de noble ascendencia.

En el 47 a.C., Julio César convirtió a Antípater en procurador de Judea, y éste dividió el territorio entre sus cuatro hijos. A Herodes le correspondió la Galilea.

Más tarde Marco Antonio, en el 40 a.C. lo nombró tetrarca de Judea, y el senado romano completó su ascensión nombrándolo rey de Judea.

Los historiadores coinciden en que era un hombre cruel y despótico, de tal forma que cometió varios crime-nes horrendos en las personas de una de sus esposas y dos de sus hijos.

No fue nada extraño, pues, a su naturaleza, el mandar a la muerte a los niños de Belén menores de dos años, cuando, por medio de los "magos de Oriente" que indagaban sobre el nacimiento del "rey de los judíos", se enteró del aconte-cimiento (ver Mateo 2, 1-16).

Como nadie es totalmente malo, no se le puede negar que en cuanto a construcciones fue magnífico, ha-biendo gastado gran cantidad de dinero en reconstruir y hermosear varias ciudades. Así Cesarea, en la costa, lo mismo que Samaria, a la que cambió el nombre por Sebaste, en honor del emperador Augusto.

Algo que le ganó simpatías entre los judíos, quienes lo consideraban un extranjero, fue la restauración del Templo, obra que fue termina-da, sin embargo, después de su muerte.

Reinó durante treinta y siete años y la muerte le llegó en medio de grandes sufrimientos de alma y cuerpo el año 4 d.C., en la ciudad de Jericó.

El reino fue dividido entre sus tres hijos: Filipo, tetrarca de Iturea y Traconítide; Herodes Antipas, te-trarca en Galilea y Perea, mientras Arquelao obtenía la tetrarquía de Judea y Samaria.

HIMENEO

Este sujeto es mencionado dos veces en el N.T. En 1ª Timoteo 1,19-20 se le asocia con un tal Alejandro. De ellos dice Pablo: a quienes entregué a Satanás para que aprendiesen a no blasfemar.

En 2ª Timoteo 2, 17-18 se le une con Fileto. Pablo los acusa de desviar a algunos de su fe por afirmar que ya la resurreción uni-versal había ocurrido. Esta era una doctrina de algunos gnósticos y nicolaítas.

I

ISABEL, SANTA

La madre del Bautista y esposa de Zacarías. Era parienta de la Virgen María, aunque no sabemos el grado de parentesco que entre ellas ha-bía.

Todo lo que de ella conocemos es por Lucas, quien, en su evangelio, narra la aparición del ángel a Zacarías y cómo su mujer, Isabel, quedó encinta, pese a su edad avanzada. También que el mismo ángel Gabriel, al anunciar a María que sería madre del Salvador, le dejó saber que su parienta Isabel estaba embarazada de seis meses. Esto hizo que María emprendiera viaje para visitar a su parienta. El encuentro de ambas mujeres es una página deliciosa del evangelista. Si no sabemos nada más de Isabel que lo narrado por Lucas en los capítulos 1 y 2, sí sabemos de la obra de su hijo, Juan, el precursor, que mereció ser elogiado como el más grande de entre los nacidos de mujer por el propio Jesús (Mateo 11,11).

J

JAIRO

Lo mencionan Marcos (5,22) y Lucas (8,41) como jefe de sina-goga. Se presentó a Jesús, estando éste junto al lago de Tiberíades, para pedirle que fuera a curar a su hija, de unos doce años, que estaba enferma, a lo que Jesús accedió. Ya en camino llegó la noticia de que la niña había muerto, pero Jesús insistió en llegar a la casa. Allí resucitó a la niña.

JESÚS, EL CRISTO

No es fácil poner en pocas palabras todo lo que puede decirse de Jesús.

Históricamente sabemos poco de él, pues pasó, en cierta forma, casi desapercibido. Extraños designios de Dios que no quiso que su Hijo fuese conocido por los grandes poderes del mundo.

Su vida nos la narran algunos de sus discípulos, con tal convicción, que casi todos murieron por defender lo que creyeron. Tene-mos, pues, como principal fuente para conocer a Jesús, los cuatro evangelios, y también los otros escritos del Nuevo Testamento, que aunque hablen poco de su vida, nos enseñan sobre el contenido de sus doctrinas.

Lo que más resalta de su vida son los tres últimos años, que fueron dedicados a una labor apostólica intensa. Con todo, se limitó a lanzar su mensaje de salvación al pueblo de Israel, pero formando un peque-ño grupo que sería el germen del Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, a la que son llamados todos los pueblos de la tierra.

Acompañó sus enseñanzas con milagros, haciendo el bien por dondequiera que pasó. Pero también logró hacerse de enemi-gos poderosos, como los herodia-nos, los Sumos Sacerdotes, los fariseos y saduceos, los que complotaron contra él hasta lograr que muriera crucificado.

Nada hubiera sido su vida para nosotros si hubiera quedado muerto, pero resucitó al tercer día, como había anunciado, para dar cumplimiento a las Escrituras y asegurar la veracidad de sus doctrinas.

Jesús, cuyo sobrenombre Cristo significa el Ungido de Dios, el Mesías, es para todos los cristia-nos el único salvador del género humano. Por él se ha abierto una esperanza de vida eterna para todos los que crean en El.

JOSÉ, SAN

El esposo de la virgen María. Cuando el ángel anuncia a María que iba a ser la madre del Mesías prometido, estaba "desposada" con un hombre llamado José (Lucas1,27). Esto significa que habían pasado una ceremonia llamada "desposorios", que los comprometía solemnemente. Los desposados no vivían juntos, ordi-nariamente, hasta que pasaran las fiestas de bodas, que algunos ob-viaban, quizás para evitarse los gastos de la celebración que solía durar una semana.

José es presentado en los evan-gelios como carpintero o artesano (Mateo 13,55). Muy pro-bablemen-te ganaba su vida haciendo lo que se presentaba, pues en un lugar como Nazaret, donde residía, poco trabajo tendría sólo como carpin-tero.

Era un "hombre justo" (Mateo 1,19) que aceptó el reclamo de Dios de ser para María más que esposo, protector, luego que conociera por revelación durante el sueño, la voluntad de Dios para ambos. Así llevó a María a su casa (Mateo 1,20), lo que indica que nunca hubo entre ellos una fiesta de bodas como tal, lo que era algo aceptado como legítimo entre desposados.

José aparece en el evangelio por última vez cuando, teniendo Jesús doce años, la Sagrada Familia subió a Jerusalén por la fiesta de Pascua. Fue la ocasión en que Jesús se les "perdió" a María y José, para luego ser encontrado hablando en el Templo con algunos "doctores de la Ley" (Ver Lucas 1,2-7).

Dos fiestas celebra la Iglesia en honor a san José. Una el 19 de marzo, como Patrono de la Iglesia Universal. Otra el 1 de mayo, día mundial del Trabajo, como ejemplo del obrero dedicado y responsable en su labor.

JOSÉ DE ARIMATEA

Era un hombre rico y miembro del Sanedrín judío, como señala Lucas (23,50). Mateo y Juan dicen que era discípulo de Jesús, aunque el último aclara que lo era clandes-tinamente, por miedo a las autoridades judías. Marcos afirma de él que era distinguido consejero que aguardaba, él también, el reinado de Dios (15,43). Al ver cómo fue condenado Jesús e injustamente ajusticiado, se llenó de valor y fue donde Pilato a pedir el cadáver para que fuera depo-sitado en un lugar digno, a lo que el gobernador accedió. Compró un fina pieza de lino y luego, acompa-ñado por Nicodemo, se encargaron ambos de la sepultura. El cadáver de Jesús fue llevado a una tumba nueva que era propiedad de José, y que había hecho excavar en la roca para su propia sepultura (Mateo 27,60). Todos los evangelistas mencionan el gene-roso gesto de este hombre de cuya historia posterior nada sabemos.

JUAN, SAN, APÓSTOL

Perteneció al grupo de los doce. Era hermano de Santiago el Mayor, ambos hijos de Zebedeo. Fueron de los primeros en ser llamados por Jesús. En Marcos 3,17 se dice que Jesús los llamo "hijos del trueno". Es posible que los dos fueran bastante explosivos en su carácter.

Pedro, Santiago y Juan constituían un trío muy cercano al Maestro, pues junto a El aparecen en momentos importantes.

San Pablo los llama "columnas de la Iglesia" (Gálatas 2,9).

Según Hechos Juan fue detenido junto a Pedro en Jerusalén por predicar la doctrina de Jesús (4,3). Luego se defenderían valientemen-te ante las autoridades judías.

Se tiene entendido - aunque han surgido dudas sobre ello - que Juan fue el autor de uno de los evan-gelios, de tres cartas que forman parte del Nuevo Testamento y del libro del Apocalipsis.

Una tradición señala que Juan hizo su apostolado en Efeso hasta que llegó a avanzada edad. También se cree que fue apresado en Roma y metido en un tanque de aceite hirviendo, a lo que sobrevivió milagrosamente.

JUAN BAUTISTA, SAN

Nació hacia el año 6 a.C. y murió aproximadamente el año 20 d.C.

Es considerado por los cristianos como el último profeta del Antiguo Testamento y precursor de Jesús.

Era hijo de Zacarías, un sacerdote, y de Isabel, pariente de María, la madre de Jesús (Ver Lucas 1,5-25).

Es probable que Juan se haya formado en la comunidad de los esenios, en el desierto de Judea, cerca del Mar Muerto. Este era un grupo de judíos que se preparaban para la venida del Mesías y vivían piadosamente la religión judía.

Sin embargo, Mateo señala que Juan vivía solo en el desierto (3,4), como un anacoreta, vistiendo una piel de camello atada por una correa y comiendo frugalmente de lo que encontraba.

Es posible que, aunque hubiese pertenecido a la comunidad esenia, en un momento dado se apartó de ella para preparse a la misión que Dios le encomendaba.

Llegada la hora, comenzó a predicar cerca del río Jordán, a donde llegaba mucha gente a escucharlo (Mateo 3,5). Allí, a los que se arrepentían de sus peca-dos, los bautizaba. El claramente anunció que no era el Mesías, sino uno que le preparaba el camino.

Juan tuvo un grupo de discípulos, algunos de los cuales fueron luego apóstoles y discípulos de Jesús.

Un día Jesús se presentó ante Juan para ser también bautizado. Pese a las protestas del Bautista, Jesús insistió. Era el momento solemne de su unción pública como Mesías, el Ungido de Dios. Fue el propio Juan el que señalaría a Jesús como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo (Juan 1,29).

Las autoridades judías no sintieron simpatía por Juan, pues a éste no le temblaba el pulso para acusarlos de hipocresía.

Por ese tiempo uno de los hijos de Herodes, llamado igual que su padre, pero con el sobrenombre de Antipas, era algo así como tetrarca o reyezuelo de Galilea. A éste Juan lo acusó de vivir en concubinato con la mujer de su hermano Filipo.

Posiblemente a instancias de ella fue que Herodes lo mandó prender, siendo llevado a la fortaleza de Maqueronte. Allí sería decapitado a peticion de una hija de la malvada mujer, que fue quien la instigó a solicitar tan horrendo crimen. Esto fue en ocasión del cumpleaños del rey, quien seguramente, borracho, había prometido a la joven, después de haber ésta bailado en su honor, que le daría lo que pidiera (Ver Mateo 14,1-2).

Sus discípulos recogieron el cadáver para enterrarlo (Marcos 6,29).

JUDAS ISCARIOTE

El apóstol traidor. El nombre era común entre los judíos, de modo que dos de los apóstoles lo llevaron.

Al parecer era oriundo de un pueblo llamado Kerioth, que en el libro de los Jueces 15,25 se menciona entre las poblaciones pertenecientes a la tribu de Judá. No era, pues, un galileo.

Fuera de lo que dicen los evangelios es bien poco lo que sabemos de él. Nada se nos habla tampoco en ellos de cómo ingresó al grupo de los "Doce", ni si fue llamado directamente o se presentó a Jesús y pidió ser admitido entre sus discípulos. Cuando los evangelistas dan las listas de los "Doce" siempre lo colocan en el último lugar, haciendo referencia a su traición (Mateo 10,4; Marcos 3,19, Lucas 6,16). Es natural, pues los evangelios fueron escritos mucho después de los acontecimientos. Juan llega a decir que era ladrón (12,6).

Fue él quien se acercó a las autoridades judías, ofreciéndose a entregar a Jesús a cambio de algún dinero. No obtuvo mucho, sin embargo, pues sólo recibió treinta monedas de plata, el valor de un esclavo.

No sabemos en qué momento abandonó el local donde se celebró la Última Cena, pero parece que lo hizo antes de la institución de la Eucaristía.

De allí se fue a buscar al grupo encargado de prender a Jesús, pues ya sabía que su Maestro y los demás apóstoles pensaban per-noctar en Getsemaní, el huerto de olivos que se encontraba al frente de la ciudad, del otro lado del torrente Cedrón. Hacia allí los condujo. Su gesto de besar a Jesús ha pasado a ser sinónimo de traición.

Luego de perpetrado el hecho su conciencia no pudo más. Lleno de remordimientos, pero al parecer sin verdadero arrepentimiento, lanzó más que devolvió aquellas mone-das que le quemaban por dentro y fue a colgarse en un árbol. Triste final de un hombre que soñó con un reino en la tierra y no sospechó que le estaban ofreciendo un lugar privilegiado en el Reino de Dios.

JUDAS TADEO, SAN

Uno de los doce apóstoles. En Mateo (10,4) sólo se le menciona como Tadeo, al igual que en Marcos (3,18). En Juan (14,22) se le llama el otro Judas, mientras que en Hechos (1,13) se le nombra Judas el de Santiago. En la carta de Judas el autor se presenta como servidor de Jesús el Mesías y hermano de Santiago. Todo esto ha creado cierta confusión sobre el personaje, aparte de que, fuera de los evangelios, casi nada encontra-mos que nos informe acerca de él.

L

LÁZARO DE BETANIA

El nombre hebreo era Eleazar.

Nada sabemos de su vida ni cómo se inicio su amistad con Jesús. De acuerdo al evangelio de Juan (todo el capítulo 11 y algunos versículos del 12), vivía en Betania, a unos diez kilómetros de Jerusalén, con sus dos hermanas, Marta y María. En ningún momento se habla de si era soltero, casado o viudo, ni se menciona ningún hijo suyo.

Lucas (10,38-42) habla de una visita de Jesús a aquella casa de Betania, pero mencionando sólo a Marta y María, pues nada dice de Lázaro.

El acontecimiento más importante que conocemos de su vida lo narra Juan. Lázaro cayó enfermo, y sus hermanas mandaron aviso a Jesús, quizás con la esperanza de que el Maestro se apresurara a visitarlos y así curara a su hermano. Pero Jesús, habiendo recibido el mensaje, aparentó no darle importancia, retrasando su viaje a Betania. Dos días después dijo a sus apóstoles que irían allá, pues Lázaro había muerto.

Antes Juan había relatado que Jesús, para evitar ser aprehendido por sus enemigos, se había ido con los discípulos al otro lado del Jordán, al lugar donde tiempo atrás había bautizado Juan, y se quedó alli (10,40-41).

Quiere decir que Jesús no estaba demasiado lejos de Betania, pero aún así, les tomó su tiempo, pues cuando llegaron ya el cuerpo de Lázaro llevaba cuatro días en el sepulcro.

En todo este pasaje se nota el cariño que tenían las dos hermanas por Jesús, y la confianza con que lo trataban.

Por ejemplo, cuando le enviaron el aviso de la enfermedad de su hermano, usaron de esta expre-sión: Aquel, a quien tú quieres, está enfermo. Esta mutua afección se demostrará cuando, acompañado ya de las hermanas, camino del sepulcro, Jesús lloró. Esto hizo que algunos de los presentes comenta-ran: Miren cómo le quería.

Jesús, llegados al sepulcro, mandó quitar la piedra que cubría la entrada, y después de orar a su Padre, "gritó con voz fuerte: Lázaro, sal afuera".

Así se obró el prodigio de la resurrección temporal de Lázaro, que fue sin duda el más grande milagro obrado por Jesús.

La relación amistosa de los tres hermanos con Jesús, curiosamen-te, es tratada sólo por Juan y Lu-cas. Los otros evangelistas no la mencionan. E incluso Lucas, como se dijo, habla sólo de las herma-nas, sin mencionar para nada a Lázaro.

No olvidemos que los evangelistas no tuvieron la intención de contarlo todo.

Juan mencionará en el capítulo 12 que hubo un banquete para agradecer a Jesús por el milagro, y de cómo María ungió los pies de Jesús con un rico perfume, secándoselos luego con sus cabellos. También que las autoridades, que buscaban la muerte de Jesús, pensaron también quitar la vida de Lázaro, pues su resurrección había hecho aún más popular la figura de Jesús.

LÁZARO DE LA PARÁBOLA

Algunos sostienen que siendo Lázaro el único nombre propio que utilizó Jesús en sus parábolas, debe ser porque se trata del mismo Lázaro, su amigo de Betania.

Con todo, no hay manera de comprobar tal aserto, por lo que es mejor considerar que este Lázaro, el mendigo, fue simplemente un nombre inventado por Jesús para referirse al pobre personaje que, cubierto de llagas, esperaba pacientemente a que se dignase el rico darle algo de comer, sin conseguirlo (Ver Lucas 16,19-31). Este pobre en modo alguno era leproso, pues no hubiera podido acercarse a la gente. Simplemente padecía de alguna enfermedad que le producía llagas que no curaban, por no disponer de medios para comprar remedios. El Lázaro de Betania no parece que haya sido pobre, sino de cierta condición económica holgada.

LUCAS, SAN

Aparece en el Nuevo Testamento como compañero de san Pablo. Era médico, y probablemente un pagano que se convirtió escu-chando al apóstol (ver Colosenses 4,10-14). Posteriormente escribiría uno de los evangelios y el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Nada se sabe del lugar de su nacimiento ni tampoco de las circunstancias de su muerte.

Es probable que se encontrara por primera vez con Pablo en Tróade, la mayor de las ciudades de la provincia romana de Asia. Se pien-sa que acompañó a Pablo en su segundo viaje apostólico, perma-neciendo luego en Filipos por varios años, mientras Pablo viajaba a través de Grecia y Macedonia. Luego se reunirían de nuevo cuando el Apóstol pasó por Filipos camino a Jerusalén (ver Hechos 20,5-6). Parece que ya desde entonces Lucas se convirtió en un compañero permanente de Pablo, incluso durante su prisión domici-liaria en Roma (ver Filemón 1,24).

M

MARCOS, SAN

Se considera que fue el autor de uno de los evangelios. Su nombre era Juan Marcos. En el Nuevo Testamento se le suele identificar como el hijo de una María en cuya casa en Jerusalén solían tener reuniones los cristianos (ver Hechos 12,12). Algunos hasta hacen coincidir esta casa con el lugar en que se celebró la Ultima Cena en el "aposento alto".

Marcos era pariente de Bernabé. Junto a éste y a Pablo participó en el primer viaje apostólico. Por haberse mostrado Marcos poco responsable según el parecer de Pablo, éste prefirió continuar su misión prescindiendo de ellos.

Parece que más tarde se relacionó con Pedro, quien lo llama "su hijo" (ver 1a. Pedro 5,13), lo que demuestra el afecto que le tenía.

Cuando Pablo estaba preso en Roma hacia el año 60 d.C., Marcos lo visitó y se reconciliaron. Pablo lo menciona en su carta segunda a Timoteo (4,11).

Una tradición señala que Marcos escribió su evangelio en Roma. No sabemos la fecha ni las circunstancias de su muerte.

MARÍA DE CLEOFÁS

La esposa de Cleofás o Alfeo es mencionada como una de las que estuvieron junto a la cruz con María, la madre, y María Magdalena. Juan la llama la hermana de su madre, lo que significa en realidad que era parienta suya (Juan 19,25).

Si examinamos los textos en Mateo 27,56 (la madre de Santiago y José) y Marcos 15,40 (la madre de Santiago el Menor y de José) podemos colegir que se trata de la misma persona. Ella era "la otra María" (Mateo 27,61) que estuvo presente junto a María Magdalena cuando llevaron el cadáver de Jesús a la tumba. Marcos dice: María Magdalena y María la de José observaban dónde le ponían (15,47). Estuvo también el primer día de la semana entre las que fueron a embalsamar el cuerpo de Jesús, siendo, pues, de las primeras testigos de la resurrección, (Mateo 28,1; Marcos 16,1; Lucas 24,1).

MARÍA, HERMANA DE LÁZARO

Soy de los que pienso que no se puede identificar a la hermana de Lázaro con la Magdalena. El nombre María (Mariam o Miriam) era entre los judíos muy popular y se repetía constantemente.

Los evangelistas nos hablan de una familia sin padres, compuesta por tres hermanos, por lo visto todos solteros: Lázaro, que pudo ser el mayor, María y Marta. Vivian en una pequeño pueblo llamado Betania, muy cerquita, unos dos kilómetros, de Jerusalén.

En ningún lugar se nos explica cómo fue que Jesús comenzó su amistad con ellos. Sólo que de vez en cuando los visitaba y había entre Jesús y ellos un gran afecto.

Quizás Lucas nos da la clave cuando dice: Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres (Lucas 10,38-40).

¿Sería ésta la primera vez? Es probable, y que de ahí surgiese la amistad que llevaba a Jesús a acudir a la casa buscando descanso. Luego esa amistad se extendería también al hermano.

Se ve que María era más espiritual que Marta, por lo que mereció el elogio del Maestro: María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada (10,42).

Las dos hermanas aparecen de nuevo con motivo de la enfermedad y la muerte de su hermano Lázaro, a quien luego Jesús resucitará. Es Juan quien lo narra en los primeros cuarenta y cuatro versículos del capítulo 11 de su evangelio. Allí se hace ver el cariño de Jesús por los tres hermanos, sin distinción: Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro (5). En estos versículos se adelanta también algo que será descrito en el siguiente capítulo: María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos (2).

Efectivamente, seis días antes de la fiesta de Pascua de aquel año Jesús regresa a Betania, y allí le ofrecieron una cena. Había muchos invitados, y Marta era de las que servía. Es con esta ocasión que María se llegó ante Jesús y usando una libra de nardo, un perfume muy caro, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos, lo que trajo la crítica de Judas, y la defensa de Jesús: (Juan 12,1-8).

Mateo narra esta escena en forma diferente, pues no menciona el nombre de María, y pone la crítica en boca de los discípulos. Agrega, además: - Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame esta buena noticia, se recordará también en su honor lo que ha hecho ella (26, 6-13). Marcos dice casi lo mismo (14, 3-9).

Nada se vuelve a saber de ella, como no sea que tienen razón los que la confunden con la Magda-lena. Lo que sí se nota es que María tenía una personalidad muy espiritual, dada a ese tipo de demostraciones, distinta a su hermana Marta, más comedida y más dada al servicio que a la quietud.

Hay una leyenda que nos dice que los tres hermanos, junto con algunos discípulos más, fueron expulsados del territorio de Israel después de la resurrección del Señor. Puestos en una barca, sin timón, sin remos, y sin alimentos, llegaron milagrosamente a las costas de lo que hoy es Marsella, en Francia. Según esta leyenda éstos fueron los primeros en evangelizar las Galias, como entonces se llamaba la región, y Lázaro fue el primer obispo de Marsella. Con todo, hay otros documentos que nos hacen tener dudas sobre la veracidad de la misma.

MARÍA, SANTA, LA MADRE DE JESÚS

El nombre María, que era muy común por aquellos tiempos, aparece muchas veces en los evangelios. Referido a María, la Madre de Jesús, lo tenemos 5 en Mateo, 1 en Marcos, 12 en Lucas y ninguna en Juan.

Aparte de eso sólo una vez en los Hechos.

En varias ocasiones los evangelistas se refieren a María como la madre o su madre. Así lo tenemos 6 en Mateo, 2 en Marcos, 6 en Lucas y 8 en Juan.

Esto ha dado pie a algunos para poner en duda la importancia de María en la historia de la salvación. Pero se olvidan que las pocas veces que a ella se refieren es suficiente para conocer su papel. ¿Es que acaso no bastan las palabras del ángel llamándola llena de gracia, el Señor está contigo (Lucas 1,28), o las de su parienta Isabel que, inspirada por el Espíritu Santo le dice: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!? (Lucas 1,42-45)

Por otro lado, ella misma recalca que lo que Dios vio en ella fue su pequeñez, su humildad (Lucas 1,48), de modo que toda su vida fue consecuente con ello. Y así quisieron mantenerla los evangelis-tas, respetando ese deseo de permanecer en la oscuridad.

Sin embargo, nadie podría dudar del cariño que por María sintieron siempre los apóstoles y los discípulos. La madre de un amigo es siempre vista con especial amor, más cuando ese amigo es el Señor.

¿Por qué no destacan más su papel los escritores del Nuevo Testamento? Pues porque enton-ces, cuando ellos escribían, lo fundamental era sentar las bases de las enseñanzas de Jesús. Luego la Iglesia iría descubriendo el importante papel jugado por María, y su especial lugar como madre de todos los seguidores de su Hijo.

Con todo, esto también nos re-cuerda que María no es el centro, ni mucho menos, en la vida del cristiano. Y si bien su lugar es importante, siempre será secunda-rio, como la que nos acompaña y nos lleva al encuentro de su Hijo.

La devoción y el cariño por María deben, pues, estar centrados en Jesús, para que, como a veces ocurre, no se cometan exa-geraciones que hacen pensar a algunos que la estamos colocando donde no le corresponde. ¡Bastan-te gloria tiene ella ya, después de todo! ¿Acaso no fue ella la que dijo que bienaventurada me llamarán todas las generaciones? (Lucas 1,48).

MARÍA MAGDALENA, SANTA

Magdala era un pueblo en la orilla occidental del lago Tiberíades. Lucas menciona a esta María Magdalena, de seguro porque era de dicho pueblo, como una de las que acompañaban a Jesús, agregando: de la que había echado siete demonios (8,3). Seguramente que después de esto ella se con-virtió en discípula suya.

Los evangelistas nos narran de su fidelidad a Jesús hasta el final, pues fue una de las que lo acompañó al pie de la cruz. No sólo eso, también se dispuso, junto a Salomé y María de Cleofás (Mateo 28,1; Marcos 16,2) a ir al sepulcro, el primer día de la semana en la mañana, para terminar de embal-samar el cuerpo de su Maestro.

Fue así como encontraron el sepulcro vacío. Luego la narración de los evangelistas no está totalmente de acuerdo. Mateo habla de que a las tres se les apareció un ángel que les dijo que Jesús había resucitado, y ellas fueron a contar a los demás lo que habían oído.

Marcos narra la visión del ángel algo diferente, para luego agregar que ellas, llenas de temor, no dijeron nada a nadie.

Sin embargo, este evangelista afirma que fue a María Magdalena a quien primero se apareció el Maestro, sin entrar en detalles, y que después fue ella la que contó a los discípulos lo de la resurrección, sin que ellos le creyeran.

Lucas habla de varias mujeres, citando por sus nombres sólo a María Magdalena, Juana y María la de Santiago, y que todas fueron a contar a los apóstoles que el Maestro había resucitado.

Sólo Juan es el que narra con lujo de detalles la aparición a la Magdalena, cuando ella confunde a Jesús con un hortelano, pensando que había sido él quien se había llevado el cuerpo del Maestro (20, 11-18).

Es la última vez que se menciona a la Magdalena en el Nuevo Testa-mento.

MATEO, SAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA

Era hijo de Alfeo, y se había dedicado a recolectar los impuestos en Cafarnaún. Por tanto era un "publicano" como así llamaban a estos funcionarios al servicio del Imperio.

El mismo nos narra en su evangelio la forma en que Jesús, pasando un día por su lado, donde tenía su "telonio" u oficina de recolección de impuestos, le dijo: -Sígueme. Lo extraordinario fue que Mateo se levantó y lo siguio para, en adelante, ser su discípulo (9, 9).

Marcos (2,14) y Lucas (5,27), se encargan de decirnos que tenía otro nombre, Leví. No era raro tener dos nombres.

El mismo día en que Jesús lo llamó Mateo dio un gran banquete en su casa, al que invitó a Jesús y a sus discípulos. (Lucas 5,29). Segura-mente estarían presentes también algunos de sus colegas publicanos.

Después de esto ya nunca volvería a dedicar su vida a otra cosa que no fuera la difusión del Evangelio. El nos regaló también su propia versión de los hechos, siendo el suyo el primer evangelio, si no cronológicamente, al menos aquel con el que comienza el Nuevo Testamento.

Poco se sabe de su ministerio fuera de Palestina. Tampoco tenemos noticias documentadas de su muerte.

N

NATANAEL

(Véase Bartolomé).

NERÓN

Este emperador romano, después de varios años de conducta razonable, se convirtió en un déspota despreciable, lanzando una persecución contra los cristianos en la que murieron san Pedro y san Pablo. Nunca es mencionado por su nombre en el N.T.

Sin embargo, no por eso deja de serlo indirectamente. Por ejemplo, en Hechos 25,8 leemos esta defensa que hace Pablo de sí mismo, estando preso, ante el nuevo gobernador Festo, en cuyo tribunal lo juzgaban por las acusaciones que contra él tenían las autoridades judías: No he faltado contra la Ley judía, ni contra el templo, ni contra el emperador. Este era Nerón en aquel tiempo.

En esa misma ocasión, y al ver que Festo quería congraciarse con los judíos diciendo que lo juzgaría en Jerusalén, Pablo replicará al gobernador: Apelo al emperador (25,11). A esto Festo contestó: Apelas al emperador, pues al emperador irás (25,12).

Irónicamente será este mismo emperador el que, aceptando acusaciones falsas contra los cristianos, decretaría la muerte de muchos, entre ellos el propio Pablo.

Otra cita de Nerón la encontramos en Filipenses 4,22. Allí Pablo, al final de la carta, hace mención de cristianos que trabajan posible-mente en el palacio del propio César: ...los saludan también todos los consagrados, especialmente los que están al servicio del Emperador.

NICODEMO

Un fariseo que era miembro del Sanedrín o senado judío. Según Juan 3, 1-21, fue a visitar a Jesús de noche para aprender más acerca de su doctrina, pues en secreto lo admiraba, aunque no se atrevía a declararse su discípulo. Fue a Nicodemo a quien Jesús manifiesta la necesidad del bautis-mo para nacer de nuevo y poder entrar en el Reino de Dios. Más fortalecido en su fe, logró superar sus miedos y en el Sanedrín (Juan 7,50-52) protestó por la forma en que se pensaba atentar contra Jesús. Más tarde, ya muerto Jesús (Juan 19,39) interviene para poner en una tumba el cuerpo del Maestro. Aunque después de esto es muy probable que se declarase abiertamente discípulo de Cristo, no hay documentos que lo confirmen.

NICOLAÍTAS

Miembros de una secta religiosa que floreció en Efeso y en Pérgamo. Fueron denunciados en el libro del Apocalipsis (2,6.15). Parece que entre sus prácticas estaban las de comer alimentos ofrecidos a los dioses paganos y llevar una vida de libertinaje sexual. El nombre quizás viene de Nicolás de Antioquía, uno de los siete diáconos mencionados en Hechos 6,5. No hay, sin embargo, una total evidencia de esto.

NICOLÁS

Era uno de los siete diáconos (Hechos 6,1-7) que fueron encargados de la distribución de las ayudas a los pobres, viudas y huérfanos en la comunidad helenística de Jerusalén. Se dice que era un prosélito, lo que significa que no era judío, pero se había convertido, antes de ser cristiano, a la religión de Israel.

O

ONÉSIMO

Era esclavo de un cristiano de Colosas llamado Filemón. Se escapó a Roma, después de robar a su dueño. Allí, curiosamente, se encontró con Pablo, que era ya amigo de Filemón, y se convirtió por intermedio del Apóstol. Este luego lo devolvió a su amo con una carta que forma parte del Nuevo Testamento. En ella le pide Pablo a Filemón que reciba a su esclavo como un fiel y querido hermano, ofreciéndole pagar lo que Onésimo hubiese robado. Le pide, incluso, que lo reciba como si fuese el propio Pablo. (Ver Carta a Filemón).

ONESÍFORO

Era un cristiano de Efeso que se mostró muy amable con el apóstol Pablo durante su prisión en Roma, sirviéndole en distintas formas. Pablo se muestra agradecido por todo ello. En su 2ª Carta a Timoteo expresa su interés por Onesíforo y su familia (1,16-18; 4,19).

P

PARMENAS

Uno de los siete diáconos mencionados en Hechos 6,5.

PABLO, SAN

Al nacer le pusieron por nombre Saulo. Nació en Tarso, ciudad de Cilicia, región que hoy es parte de Turquía, de padres judíos de raza y religión.

No sabemos la fecha del nacimiento, pero tuvo que ser varios años después de Jesús, a quien nunca conoció personal-mente.

Durante su juventud vivió en Jerusalén, siendo discípulo del afamado rabino Gamaliel.

Fue testigo de la muerte de Esteban, guardando la ropa y aprobando la conducta de los que le apedreaban.

Luego desarrolló un odio enfermizo contra los cristianos, a quienes consideraba miembros de una secta herética. Por ello pidió permiso para ir a Damasco a fin de tomar presos a los discípulos de aquella ciudad.

Fue durante ese viaje que Jesús se le apareció, haciéndole ver su error e invitándolo a seguirle. Pablo, conmocionado y ciego, fue llevado a Damasco donde recibió el bautismo y recobró la vista. Su conversión fue total, dedicando en adelante su vida a su Señor y Mesías, Jesús.

Comenzó a predicar en las propias sinagogas de Damasco, por lo que tuvo que escapar de allí. Luego pasó varios años dedicado a la oración y a la preparación necesaria para ser un apóstol.

Fue Bernabé, que le conocía, quien fue a buscarle a Tarso, donde había regresado, para llevarlo a Antioquía. Allí se entrenaría Pablo en la acción apostólica. Más tarde la comunidad lo escogería junto a Bernabé para llevar a otros pue-blos la Buena Nueva. Así empren-dieron ambos el primer viaje por buena parte del Asia Menor.

En este viaje fundaron varias comunidades que luego se distin-guirían por su fervor. A algunas de ellas escribió Pablo cartas que hoy se conservan como parte del Nuevo Testamento.

Posteriormente Pablo daría al menos otro viaje misionero, pero sin que Bernabé lo acompañase.

Todo este éxito le procuró también enemigos, sobre todo judíos, que lo acusaron de sedición. Como ciudadano romano que era, y sabiendo que si se dejaba juzgar en Jerusalén lo matarían, optó por apelar al emperador y así fue llevado a Roma, donde estuvo en prisión domiciliaria unos dos años. Parece que luego lograr llegar hasta España, pero no hay do-cumentación segura. Vuelto a Roma, durante la persecución desatada por Nerón, fue puesto preso y decapitado.

Su gran visión de lo que distinguía al judaísmo del cristianismo, y su gran labor entre los gentiles, le valieron el título de apóstol, al nivel de aquellos Doce que acompaña-ron a Jesús.

Sus cartas son un tesoro de rica doctrina y sabia enseñanza.

PEDRO, SAN

Su nombre era Simón, bastante común entre los judíos. Por las palabras de Jesús conocemos el de su padre, Jonás, equivalente a Juan (Mateo 16,17). Nada sabe-mos de su madre, pero sí que tenía suegra y, por ende, esposa, aunque no sabemos si hijos. Había nacido en Betsaida (Juan 1, 42-44) pueblo ubicado entonces junto al lago de Tiberíades. Tenía un hermano, Andrés, que fue quien lo presentó a Jesús.

Cuando esto ocurre vivía Pedro en Cafarnaún, pueblo costero, desde donde ejercía su oficio de pescador en las aguas del lago. La vocación de Simón al apostolado fue sellada el día en que, respondiendo a una pregunta de Jesús, lo señaló como el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Esto le valió una distinción especial de Jesús, pues lo llamó Piedra (Pedro) y dijo: Sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia (Mateo 16, 13-20; Marcos 8,27-30; Lucas 9, 18-21).

De carácter impetuoso y apasionado, Pedro se distinguió siempre como una persona fiel a Jesús, por quien estaba dispuesto - sinceramente - a cualquier cosa. Pero confiando demasiado en sí mismo, cometió la imprudencia de creer que podría mantenerse firme en cualquier ocasión. Por eso, en la Ultima Cena, se atrevió a replicar a la profecía de Jesús de que todos lo abandonarían, exclamando que él no haría tal cosa. Fue entonces cuando el maestro le aseguró: Antes de que el gallo cante dos veces me habrás negado tres (Mateo 36,30-35; Marcos 14, 2631; Lucas 22,31-34; Juan 13,33-39).

Efectivamente, así sucedió. Pedro se comportó cobardemente y negó al Maestro. Pero luego lloraría amargamente su traición. No fue falta de amor sino miedo. Por eso mereció ser perdonado con creces. Esto ocurrió después de la resurrección del Señor. Jesús, luego de una triple confesión de amor por parte de Pedro confirmó su primado entre los apóstoles.

Y así vemos cómo fue Pedro el que predica el primer sermón el día de Pentecostés y se comporta como el líder de la primera comunidad cristiana en Jerusalén. El libro de los Hechos recoge algunas de sus actuaciones, lo que incluye mila-gros realizados, persecuciones y prisión, amén de su actividad apostólica.

Más tarde, algo que no recoge el libro citado, irá a Roma y allí mantendrá la fe de los cristianos, hasta que le tocó dar el supremo testimonio de su amor por Cristo. La tradición nos dice que murió mártir, en una cruz como su Maestro. Pero al no sentirse digno de tal honor, pidió ser crucificado con la cabeza hacia abajo. En el lugar donde fue sepultado su cuerpo se levanta hoy la mayor iglesia de la cristiandad, la Basílica que lleva su nombre.

PILATO

Luego que Arquelao, el hijo mayor de Herodes el Grande, fuera depuesto por los romanos como etnarca de Judea, esta región se convirtió en una provincia romana bajo la dirección de un procurador o gobernador.

Poncio Pilato fue el quinto de los procuradores romanos de Judea, sucediendo a Valerio Grato el año 26 d.C.

Además de ocuparse de las cuestiones financieras, tenía en sus manos todo el poder judicial.

Fue de los pocos que gozó de un largo período en el cargo, unos diez años, pues estuvo en el mismo hasta el 36 d.C., lo que hizo que estuviera allí durante la actividad apostólica tanto de Juan Bautista como de Jesús.

Se piensa que tenía amistad con Sejano, el poderoso jefe de la guardia petroriana durante el emperador Tiberio.

Tenía su residencia en Cesarea, en el antiguo palacio del rey Herodes, donde había una guarnición de unos tres mil hombres.

A Jerusalén iba sólo por obligación, cuando su presencia era requerida, sobre todo en las fiestas, listo para enviar a los soldados a abortar cualquier movimiento sedicioso.

Se sabe que odiaba a los judíos, a quienes no dudó en maltratar sangrientamente cuando tenía algún motivo para ello. Esto lo hizo altamente impopular en la pobla-ción, siendo acusado de mala administración, crueldad y corrup-ción. Flavio Josefo lo describe como alguien que no logró enten-der las convicciones religiosas y el orgullo nacional del pueblo judío. Otros lo encontraron inflexible, cruel y obstinado.

Aunque el procurador era la autoridad judicial suprema, los casos relacionados con lo religioso se dejaban al Sanedrín, que tam-bién funcionaba como tribunal.

En el caso de Jesús, como lo que las autoridades judías buscaban era su muerte, no tuvieron más remedio que acudir al Procurador.

Este, al principio, trató de salvar a Jesús de la muerte, pues en ningún momento encontró razón alguna para condenarlo, pero ante la posibilidad de un disturbio de largo alcance orquestado por las mismas autoridades judías, se portó cobar-demente, entregando al Inocente a la ignominiosa muerte en cruz.

Parece que lo que determinó que Pilato fuera más tarde sustituido fue un oscuro incidente ocurrido en Samaria y que terminó en una masacre. Sus enemigos apelaron a su superior inmediato, Vitelio, que era legado en Siria, por lo que Pilato fue llamado a Roma a responder de los cargos en su contra. Parece que antes de llegar a la capital del Imperio murió el emperador Tiberio, y ya no sabemos qué pasó después.

El hecho de estar envuelto en el proceso y crucifixión de Jesús motivó que se tejieran varias leyendas sobre él, pero sin que tengan asidero documental.

Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesiástica, afirma que se suicidó. Otros hasta lo presentan como un convertido al cristianismo que llegó a ser mártir, tanto que así es venerado en la iglesia copta, lo mismo que su esposa, Claudia Prócula.

PRISCILA

(Ver Áquila y Priscila).

PUBLIO

Era el jefe o principal en la isla de Malta (Hechos 28,7-10). Fue él quien atendió a Pablo y a sus compañeros de viaje durante los primeros días después que su barco naufragó en dicha isla. Allí tuvieron que permanecer unos tres meses. El padre de Publio se encontraba enfermo y Pablo lo curó. Luego curó también, im-poniéndoles las manos, a muchos enfermos que había en la isla.

Q

QUARTO

Un cristiano de Corinto que envió saludos por medio de Pablo a sus amigos que vivían en Roma (Romanos 16,23).

R

RUFO

(Véase Alejandro y Rufo).

S

SADUCEOS

No es fácil explicar el origen de este grupo. Parece ser que todo comenzó con la introducción de costumbres griegas durante la ocupación de Palestina por go-bernantes griegos. La primera vez que aparecen mencionados en la Biblia es con relación a Juan Bautista (Mateo 3,7). El Precursor los llama raza de víboras. Luego aparecen en varias ocasiones tratando de hacer caer a Jesús en una trampa verbal. El Maestro los llamó hipócritas y se refiere a ellos como generación mala y adúltera (Mateo 16,1-4). La única vez que los mencionan Marcos (12,18-27) y Lucas (20, 27-38), es cuando tratan de burlarse de Jesús con algo relacionado a la resurrección de los muertos, en la que ellos no creían. Juan nunca los menciona. Eran muy influyentes. Muchos pertenecían al Sanedrín y había también entre los sacerdotes del Templo. Aparecen en el libro de los Hechos en pugna con los apóstoles (4,1; 5.17; 23,6-10). A diferencia de los fariseos no creían en muchas de las verdades que eran aceptadas comúnmente entre los judíos.

SAFIRA

Esposa de Ananías y cómplice suyo en el engaño a los apóstoles. También fue partícipe de su castigo (Hechos 5,1-11).

SALOMÉ

Esposa de Zebedeo y madre de Santiago el Mayor y Juan.

Se presentó a Jesús para pedir los primeros puestos en el Reino para sus hijos (Mateo 20,20-21). Fue testigo de la crucifixión (Marcos 15,40) y estuvo presente con otras mujeres en el sepulcro (Mateo 27,56).

SALOMÉ

Hija de Herodías. El Nuevo Testamento no la menciona por su nombre. Por Marcos (6,14-29) sabemos que, con ocasión del cumpleaños de Herodes Antipas, se dio una gran fiesta en la fortaleza de Maqueronte.

Era una costumbre de la época entre los paganos, que seguramente había adoptado Herodes, tener al final de las grandes fiestas una represen-tación, baile o bufonada.

Aquel baile agradó mucho al tetrarca, que de seguro estaba bastante bebido, prometiéndole a Salomé lo que ella pidiera. A instigación de su madre, que odiaba a Juan el Bautista, preso en aquella misma fortaleza, la joven pidió la cabeza del Precursor.

SANTIAGO EL MAYOR

Era uno de los doce apóstoles, hijo de Zebedeo y Salomé y hermano de Juan. A estos dos los llamó Jesús "boanerges", o "hijos del trueno" por que eran muy fogosos. Junto a Pedro y Juan, Santiago formaba parte de un trío de principales entre los apóstoles, ya que fueron testigos en la Transfiguración (Mateo 17,1) y estuvieron cerca de Jesús en Getsemaní (Mateo 26,37). Tuvo Santiago otro privilegio: ser el primer apóstol en morir martirizado. Posiblemente fue condenado por el Sanedrín judío acusado de sedición, con la complicidad de Herodes Agripa, que era rey de Judea (ver Hechos 12,1-2). Se le llama "mayor" para distinguirlo del otro Santiago que era también de los Doce. En España se le tiene por su patrono, ya que existe una tradición según la cual Santiago predicó en esa nación antes de su muerte, y que luego de ocurrir ésta sus restos fueron llevados a Santiago de Compostela. Todo esto despertó una gran veneración por el santo, de modo que de todas partes de Europa occidental partían peregrinaciones para visitar su santuario. Estas peregrinaciones solían seguir una ruta que se llamó "camino de Santiago".

SANTIAGO EL MENOR

Era hijo de Alfeo (Marcos 3,18) y de María, a la que Juan llama hermana de su madre (Juan 19,25). . Eso es de lo poco que sabemos de él, quizás debido a que fue opacado por el otro Santiago. Se le llamó "hermano del Señor", es decir, primo, por el parentesco de su madre con la Virgen María. No se sabe dónde predicó ni el sitio ni circunstancias de su muerte. Se cree que fue martirizado en el año 62 d.C. Se le atribuyó la Carta que lleva su nombre, y que forma parte del Nuevo Testamento, aunque hoy se duda que haya sido su autor.

SERGIO PABLO

(Hechos 13,6-13). Era procónsul en Chipre. Cuando Pablo visitó esa isla en su primer viaje apostólico logró su conversión al cristianismo. Des-pués de estar en su cargo tres años, regresó a Roma. En el año 47 d.C. fue nombrado por el emperador Claudio como uno de los encargados de velar por las orillas y canales del río Tíber.

SILAS

Fue un miembro destacado en la comunidad cristiana de Jerusalén. Junto a Judas, de sobrenombre Barsabas, fue escogido para acompañar a Pablo y a Bernabé cuando éstos partieron de regreso a Antioquía, después de asistir al concilio en que los apóstoles y otros destacados discípulos resolvieron la cuestión de los convertidos del paganismo (He-chos 15,22). Silas se quedó en Antioquía para ayudar a Pablo en su labor apostólica. Este lo escogió como compañero en su segundo viaje misional (Hechos 16,19-24). En las cartas 2a. Corintios (1,19); 1a. Tesalonicenses (1,1); 2a. Tesalonicenses (1,1) y 1a. Pedro (5,12) se hace referencia a él con el nombre de Silvano.

SIMEÓN

Aparece en Lucas 2, 29-35, con ocasión de la presentación del niño Jesús en el Templo. No se dice que fuese un anciano, sino un hombre "honrado y piadoso" y que "el Espíritu Santo estaba con él". Esto explica que pu-diese profetizar tanto sobre el Niño como sobre María. Nada más se volvió a saber de él.

SIMÓN, SAN

Llamado "el zelota" por pertenecer, quizás, al grupo de rebeldes judíos que luchaban activamente contra la ocupación romana. Fue llamado por Jesús, siendo uno de sus doce apóstoles.

SIMÓN

Así se llamaba el padre de Judas Iscariote, según Juan 6,71 y 13,26. En realidad Juan dice que era Simón el llamado Iscariote. Los otros evangelistas no mencionan a su padre y a él lo nombran como Iscariote.

SIMÓN

(Mateo 13,55; Marcos 6,3).

Era uno de los llamados "hermanos de Jesús", en realidad un primo o pariente.

SIMÓN

Era un cristiano que vivía en Jafa (Hechos 9,43), de oficio curtidor, en cuya casa se hospedó Simón Pedro. El libro menciona en el capítulo 10 como en esa casa se produjo una visión que tuvo Pedro que lo llevo a comprender que tambien los gentiles o paganos habían sido llamados a la salvación. Desde allí partiría a visitar a Cornelio, un militar romano que había mandado a buscarlo por orden de Dios.

SIMÓN EL FARISEO

(Lucas 7, 36-38).

Este Simón invitó a Jesús a comer en su casa. En esa ocasión una mujer conocida como pecadora entró al salon donde se encontraban, llevando un perfume con el que ungió los pies de Jesús mezclándolo con sus lágrimas. Simón comenzó a pensar que se equivocaba al considerar a Jesús como un profeta, pues no había descubierto lo que era aquella mujer. Esto hizo que Jesús, en forma muy hábil, le hiciera ver a Simón que actuaba erróneamente. No sabemos si después este fariseo siguio siendo, al menos, un simpatizante de Jesús. Como la escena es parecida a la que se dio en casa de Simón el Leproso, se podría pensar que se trata de la misma persona, pues sólo Lucas narra la escena antes descrita.

SIMÓN EL LEPROSO

Vivía en Betania y había contraído la enfermedad de la lepra. En una ocasión ofreció una comida en honor a Jesús (Mateo 26,6-13; Marcos 14,3-9). Durante la misma se presentó una mujer con un ungüento de gran precio, derramándolo sobre la cabeza de Jesús. Este hecho fue muy criticado por Judas Iscariote. Por su parecido con la descripción que hace Lucas (7,36-38) podría ser que se trate del mismo caso.

SIMÓN DE CIRENE

Un judío de Cirene, en el norte de Africa, donde había una colonia judía muy numerosa. Debió haber emigrado a Jerusalén, donde los de Cirene hasta tenían una sinagoga. Fue él a quien los soldados obligaron a que ayudase a Jesús a cargar la cruz. Mateo (27,32) dice que era "padre de Alejandro y Rufo, lo que da a entender que al tiempo de escribirse el evangelio, era un cristiano conocido. ¿Estarían Simón y sus hijos entre los naturales de Chipre y Cirene que el libro de los Hechos (11,20) menciona como los que predicaron la Buena Nueva a los griegos en Antioquía? No lo sabemos.

SIMÓN EL MAGO

Tenía renombre entre los samaritanos por sus habilidades como mago (Hechos 8,9-11). Conoció a Jesús y sus enseñanzas por medio de la predicación del diácono Felipe (12,13). Con todo, dado su pasado, llegó a pensar que los dones del Espíritu Santo podían comprarse, soñando quizás con el mucho dinero que podría ganar con ellos. Esto le mereció una severa reprimenda de Pedro (8,18-23). No se le vuelve a mencionar y por tanto nada más sabemos de él. Con todo la Iglesia acuñó la palabra simonía - derivada de su nombre -, para significar el pecado de comerciar con las cosas sagradas.

SIMÓN PEDRO, SAN

(Véase Pedro).

SÓSTENES

Era el jefe de la sinagoga de Corinto. Fue en dicha ciudad que san Pablo permaneció por año y medio. El apóstol visitaba asiduamente la sinagoga y predicaba en ella, lo que causó una reacción negativa en muchos judíos que no querían aceptar a Jesús como Mesías. Un día se confabularon para llevar a Pablo ante Galión, que era el procónsul romano de Grecia, acusándolo de predicar un culto ilegal. Pero Galión no hizo caso, alegando que se trataba de cosas de religión que no le competían. Entonces, delante del mismo tribunal, agarraron a Sóstenes y le dieron una paliza, sin que la autoridad interviniera (Hechos 18,1-17). No sabemos, en realidad, la razón para proceder contra él, pues no parece que Sóstenes fuera cristiano, a no ser que se tratase de la misma persona que Pablo menciona en 1a. Corintios 1,1.

SUSANA

Se le menciona junto a otras mujeres que sirvieron a Jesús y a los apóstoles (Lucas 8,3).

T

TABITA

Como lo indica Hechos 9,36, su nombre quiere decir Gacela. Se le menciona también como Dorcas. Era mujer de gran corazón, dedicada al bien de los demás. Vivía en un pueblo llamado Lida, cerca de Jope, y era querida por todos. Lo cierto es que Tabita murió, y sabiendo los discípulos que Pedro se encontraba en Jope, mandaron por él. El apóstol acudió al llamado, seguramente porque conocía las buenas obras de Tabita. Cuando llegó al pueblo, subió donde se encontraba el cadáver, y tuvo que enfrentarse al espectáculo de las viudas y pobres que lloraban a lágrima viva, mostrando las ropas que Tabita confeccionaba en vida para beneficio de los más necesitados.

Pedro pidió quedar solo con el cadáver, y allí se puso en oración, pidiendo al Señor que obrara un milagro. Luego, seguro de haber sido escuchado, llamó a Tabita por su nombre invitándola a levantarse. Así lo hizo felizmente la buena mujer, llamando Pedro a los discípulos y presentándosela viva, lo que causó mucha conmoción y alegría entre los que tanto la querían. Esto, desde luego, contribuyó a que muchos creyeran en Jesús y en la palabra de sus apóstoles.

De Tabita no sabemos nada más.

TIBERIO

Al emperador Tiberio lo nombra expresamente Lucas en 3,1, recordando que cuando Juan el Bautista es llamado por Dios a comenzar su labor de preparación para el reconocimiento de Jesús como el Mesías, se estaba en el año 15 de su reinado.

Tiberio fue el sucesor de César Augusto, y ocupó el trono de la máxima potencia de entonces, el Imperio Romano, hacia el año 14 d.C., que sería el 766 de la fundación de Roma.

Quiere decir que cuando Juan comienza su tarea, se estaría en el 29 d.C, o 781 de la fundación de Roma.

Tiberio sentó las pautas para la conducta de otros muchos emperadores, pues aunque tuvo unos primeros años aceptables, terminó siendo un déspota y un criminal, acabando sus días en la isla de Capri sofocado con unas almohadas por el jefe de la guardia petroriana. Su sucesor fue nada menos que Calígula, de tristísima memoria.

Aunque sin mencionar su nombre, Tiberio es recordado por Lucas en 20, 20-25, en aquel pasaje en que unos, por tentar a Jesús, le preguntaron si había que dar tributo al César o no. La moneda que le fue presentada a Jesús tenía la efigie de Tiberio.

Era todavía Tiberio emperador cuando Jesús fue crucificado. Su representante en Judea, Poncio Pilato, fue amenazado por los sacerdotes y otros enemigos de Cristo con acusarlo ante Tiberio por mostrarse como su enemigo al querer salvar a quien era abiertamente contrario al Imperio (Ver Juan 19,12).

Z

ZACARÍAS

Era una sacerdote que oficiaba en el Templo de Jerusalén. Pertenecía al turno de Abías, que era uno de los veinticuatro en que se dividían los sacerdotes. Sólo oficiaban en dos semanas del año, y en una sola ocasión en la vida les tocaba el ofrecimiento del incienso, que era una ceremonia que se rea-lizaba diariamente en un lugar donde sólo el sacerdote encargado estaba autorizado a entrar. Precisamente en la feliz ocasión en que le tocó a Zacarías ocurrió algo extraordinario. Cuando éste estaba solo ante el altar del ofrecimiento, un ángel del Señor, Gabriel, se le apareció para anunciarle que su esposa Isabel, que ya tenía una edad avanzada al igual que él, concebiría un hijo que tendría a su cargo una importante misión de parte de Dios. Zacarías, dada su edad y la de su esposa, dudó de las palabras del ángel, por lo que Gabriel le dijo que quedaría mudo hasta que todo se hubiese cumplido. Así fue. El día de la circunsición del recién nacido Juan, el futuro Bautista, se le soltó la lengua a Zacarías, prorrumpiendo en un cántico de alabanza al Señor. Esta historia la narra Lucas en 1,5-25.

ZAQUEO

Su nombre significa "el puro". Era jefe de los recaudadores de impuestos en Jericó. Su historia aparece en Lucas 19, 1-10. Ciertamente era rico, pero no porque todo lo que tenía fuese robado. Los publicanos, como se les llamaba a los recaudadores, eran odiados, pues se encargaban de cobrar los tributos debidos a los invasores romanos. Esto, de por sí, era un motivo para que la gente los tuviera por perversos y, además, ladrones, pues el Imperio les daba un margen en el que solían cometer muchos abusos.

Por aquel entonces Jericó era un puesto importante, pues allí se producía una gran cantidad de bálsamo y la ciudad contaba con un considerable comercio, lo que permiría a Zaqueo muy buenas ganancias.

Quizás por pura curiosidad, cuando se anunció la visita de Jesús, aunque no sería la primera vez que el Salvador pasaba por allí, Zaqueo quiso verlo y como era de baja estatura, se subió a un árbol para así tener mejor visión. Fue entonces cuando le sucedió lo mejor que le pudo pasar en toda su vida. Jesús lo invitó a bajar y a adelantársele, pues lo iría a visitar a su casa.

Se ve que este hombre tenía un corazón abierto a la gracia, pues el Señor quiso regalarle esa oportunidad, y Zaqueo la supo aprovechar.

Hizo lo que no tuvo el valor de hacer el joven rico que, invitado por Jesús, se alejó sin dar ninguna respuesta (Mateo 20, 19-22).Zaqueo promete repartir la mitad de sus bienes a los pobres y pagar con creces todo lo que hubiese defraudado a otros. Jesús dice esta frase tan significativa: Hoy ha entrado la salvación a esta casa. Lástima que nunca más se vuelve hablar de Zaqueo en todo el Nuevo Testamento.

ZEBEDEO

El padre de Santiago el Mayor y Juan (Mateo 4,21; 20,20) y esposo de Salomé.

NOTA:

Para la redacción de este folleto he consultado innumerables enciclopedias y comentarios sobre los libros sagrados, a fin de ofrecer los datos más precisos posibles sobre cada uno de los personajes aquí citados. Dado el corto espacio de un folleto es imposible nombrar la amplia bibliografía que hay sobre estos temas.

Desde luego que la principal fuente ha sido el mismo Nuevo Testamento.

Ésta página ha sido visitada 1676 veces.



Página fue modificada: 30/08/2008 9:11

Inicio · Retroceder

Valid HTML 4.01 Strict